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¿Qué es la cultura?
Por: Rodolfo Romero Garcete -RoRó.-
Ante la profundidad de la crisis de cultura y civilización que seguimos soportando, y que nos plantea renovados desafíos, nos parece prudente reflexionar sobre el significado de la idea y concepto de lo que entendemos por cultura. ¿Acaso es algo que se encuentra entre la cordura y la locura… o es mucho más que las apariencias?
No nos planteamos la lógica de las ciencias de la cultura, ni queremos penetrar en un tema siempre crucial: la relación entre la realidad y la teoría, la teoría y la práctica, y descartamos abordar la cuestión desde una perspectiva de indagar sobre la sociología del conocimiento. Nuestra búsqueda es sencilla y concreta. Veamos.
 
Desde la etapa del neolítico (hace 8, 9 o 10 mil años), en que se inicia el proceso de domesticación de la semilla y se cultiva la tierra, la palabra “cultura” se apodera del quehacer productivo del ser humano. Y dentro de lo significativo de ese momento estelar de la historia humana, se da el fenómeno del sedentarismo. El hombre y la mujer se instalan en un lugar para cuidar su cultivo. Con esa sencillez nace la palabra y el concepto primario de cultura.
 
Los hechos históricos y las ideas que las acompañan siempre tienen un significado cultural. Es que los acontecimientos tienen esta impronta: son histórico-culturales.
 
Y sabemos que la cultura está profundamente relacionada con nuestro dato original, ya que poseemos la capacidad del aprendizaje, poseemos un lenguaje articulado, y tenemos capacidad de  realizar trabajo. Y generamos símbolos.
 
Todos estos componentes nutren a la cultura de una persona y de un pueblo, y sientan las bases de una civilización.
 
“La cultura de una sociedad es casi ininteligible si se desconocen los significados de su lenguaje.  La cultura no sólo es material (cosas) e institucional (estructuras sociales), sino que es signo (idea – concepto). Estas ideas y conceptos generalmente van por parejas, y son de orden moral, político, religioso, estético, económico.
 
En cada cultura encontramos lo bueno y lo malo, lo prohibido y lo permitido, lo legal y lo ilegal, lo profano y lo sagrado, la perdida y la ganancia,  lo justo y lo injusto, lo falso y lo verdadero.
 
Todas las sociedades tienen un repertorio de conocimientos sobre la naturaleza y el mas allá, el bien y el mal, el individuo y la sociedad y, en fin, conocimientos sobre el conocimiento mismo”.
 
Libro: “Hombres en su Siglo”, de Octavio Paz -Premio Nobel de Literatura-Mexicano.
 
“Ante formas de vida diferentes, espacios y tiempos diferentes, surgen culturas diferentes.
Cada cultura parte de realidades diferentes, de múltiples interrogantes y propone complejas formulaciones. Desde esa perspectiva comienza a perfilarse la variedad, y la variedad es riqueza para la humanidad. Es también la raíz del pluralismo y de un necesario diálogo – debate tolerante y democrático entre las múltiples manifestaciones culturales.
El misterio de la vida y de la muerte, lo insondable de nuestro origen y nuestro destino, la complejidad de las relaciones sociales, las contradicciones que se anidan en la lucha por el predominio de ciertos intereses y ciertos valores, las formas de propiedad, los modelos familiares, la significación importante de la legitimidad, y el papel de la ley, la estructuración del poder en la sociedad, la dimensión de la libertad y el espacio para la creación y protagonismo del hombre y la mujer, la gravitación de las religiones, los hechos y las ideas, van dando nacimiento a la variedad de alternativas personales y sociales que caracteriza a la especie humana.
 
La CULTURA es un ir haciéndose durante toda la existencia humana,  ya que la HOMINIZACION DEL SER, es una tarea en perpetua recreación”.
 
Rodolfo Romero -latinoamericano- Libro: “La Cultura y el Mundo del Trabajo”
 
“La sociedad se imagina a sí misma e imagina otros mundos”, O. Paz.-
 
Es perentorio revisar nuestras construcciones culturales, nuestros paradigmas, nuestra visión de crecimiento económico, nuestra concepción de lo que entendemos como progreso, y en especial, revisar en profundidad nuestro Proyecto Histórico Político, y nuestro propósito y finalidad de crecer y desarrollarnos indefinidamente.
 
Debemos descubrir nuestras propias potencialidades y nuestras contradicciones.
 
Y por sobre todo, debemos rescatar el sentido y alcance productivo de la cultura.
 
No podemos seguir desvinculándola de la energía que produce trabajo y crea bienes y servicios para las personas y las comunidades. En la mira debe estar presente la actividad económica, la dinámica financiera, todo el proceso administrativo, y consecuentemente lo que vulgarmente se denomina economía política y política económica.
Debemos repensar sobre los paradigmas sacrosantos que hemos creado.
 
La verdadera cultura debe asociar en términos dialécticos una nueva conciencia, generar una nueva existencia social, y sembrar una nueva CULTURA en los diferentes órdenes de la vida: una cultura orgánica, una cultura económica, una cultura societaria, una cultura democrática, una cultura geopolítica, y una cultura ética y espiritual.
 
Necesitamos imaginar una REVOLUCION CULTURAL a la medida de nuestras exigencias humanísticas, para desentramparnos de la civilización de las cosas, de la fiebre del tener  y de la obsesión del poder -que lo puede todo-, y del poderoso caballero don dinero -que lo compra y lo vende todo-.
 
La cultura no es una simple mercantilización de la vida y de las relaciones humanas.
 
Podemos plantearnos interrogantes que pueden ser fulminantes.
 
¿Será posible avanzar hacia la  civilización del trabajo, de la cooperación y del amor, reconstruyendo el tejido social, reinventando las relaciones interpersonales y las actitudes de reconocimiento mutuo, a partir del respeto de todo el ser humano, de su subjetividad y objetividad, para rescatar plenamente la sana emocionalidad, la amistad, la generosidad, la solidaridad, la fraternidad, la justicia social, redimensionando, así, la ética, la estética, y una coherente y fluida relación entre la dinámica espiritual,  la animación sociocultural, la acción política, y todo lo que puede proporcionarnos la ciencia y las mediaciones humanas, como la actividad económica y sus derivaciones tan significativas.
 
Y es prudente plantearnos la revitalización de la cultura popular, ya que con mucho tino, el ilustre humanista mexicano Pedro Henríquez Ureña nos alerta en el sentido de que “no debe haber cultura superior sin cultura popular”, agregando: “El ideal de justicia esta antes que el ideal de cultura: es superior el hombre apasionado de justicia al que solo aspira a su propia perfección intelectual”.
 
Y Ernesto Sábato nos habla de que “es indispensable una doctrina que establezca acertadamente los vínculos entre una cultura popular y una cultura superior; y entre una cultura nacional y una cultura universal” (libro “La Cultura en la Encrucijada Nacional”).
 
Por eso es bueno y necesario distinguir y diferenciar las diversas manifestaciones culturales, y en todo caso, no confundir cultura con exclusiva obra elitesca, o con  supermercado o bazar creado para el consumismo
 
Nuestra regla de oro sigue siendo la misma: “O inventamos o erramos”. Por eso, el pensamiento creativo y plural está asociado a la cultura.
 
Cultura es producción de bienes y servicios, y creación de símbolos. Ya que nosotros somos animales simbólicos y sabemos muy bien lo que cada símbolo representa para cada persona y cada pueblo.
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