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La gran trampa histórica del neoliberalismo
Compartimos un artículo que publicó Le Monde Diplomatique en su edición chilena, escrito por nuestro fundador, Rodolfo Romero.
Entre el Estado mínimo y la "soberanía del consumidor" La gran trampa histórica del neoliberalismo. Por Rodolfo Romero
 
El neoliberalismo ha apostado siempre a la desarticulación del Estado, a la manipulación - desaparición del ciudadano, y a la negación del principio asociativo. El individuo es lo único existente y válido. Todo lo otro es mera especulación.
 
El pueblo es sustituido por el cliente, y el ciudadano por el consumidor.
 
Es conocida la posición y proclama de la ex Canciller de Hierro Margaret Thatcher, quien afirmaba: “La sociedad no existe” , pero hablaba en nombre de esa sociedad que niega, para utilizar el poder del Estado con la finalidad de implantar políticas neoliberales, desarticular al Movimiento Obrero inglés y liquidar las conquistas sociales. Es la principal causa de la pobreza y desigualdad creciente de la Gran Bretaña. Y todo lo hizo con la represión para debilitar al Movimiento Obrero, a la sociedad civil y al Estado.
 
Para el neoliberalismo, lo único existente es el individuo, y desde luego el espacio – mecanismo, donde los individuos van a intercambiar los bienes y servicios: el mercado, que supuestamente se regula a sí mismo, permite establecer “la soberanía del consumidor”, y donde el trabajo es la principal mercancía.
 
El Estado en consecuencia, es un mal necesario, que debe tener una mínima presencia en la vida de las personas, - supuestamente debe limitarse a garantizar la vida, bienes y seguridad de las personas, desarrollar la infraestructura – velar por la seguridad nacional, - y en todo caso, ser un instrumento al servicio de la represión, que utiliza la clase dominante para reproducir su modelo de acumulación, garantizar el “libre mercado – libre comercio”, que con la globalización – transnacionalización, y Tratado de Libre Comercio – TLC -, que se pretende implantarlo a nivel planetario.
 
Eso explica la aparición sistemática de las leyes represivas, que criminalizan las luchas sociales. Son supuestamente leyes antiterroristas.
 
Es la vieja lógica de la Ley L’Chapelier, dictada en 1791 en Francia -2 años después de la Revolución Francesa, (1789), que prohibió terminantemente el derecho de asociación, castigando penalmente su violación. Lo mismo sucedió en Inglaterra, quedando patentado para el mundo y para la posteridad, la lógica del pensamiento liberal y el ordenamiento socio-económico- socio-político de la burguesía.
 
Y es lo que puso en práctica el Ministro del Interior de Francia, Casimir Perrier, en 1831, al reprimir violentamente la huelga de los tejedores de Lyon, quienes reclamaban mejores condiciones de trabajo y aumento de salario. El Ministro expresó con ironía: “A los obreros no les queda más que la paciencia y la resignación”.
 
La respuesta de los obreros fue categórica: “VIVIR LIBRES TRABAJANDO O MORIR COMBATIENDO”.
 
Los postulados de la revolución burguesa se reproduce sistemáticamente, reafirmando su coherencia implacable en cada momento de la historia, y lo seguirá haciendo mientras ella sea la clase hegemónica – dominante.
 
Es interesante registrar el influjo que tuvo en el cono sur la Constitución liberal de 1853 de la Argentina, vigente hasta 1949, y los propósitos del golpe militar de 1955 para derrocar al Gral. Perón, tramposamente denominada “Revolución Libertadora”, que inmediatamente derogó la Constitución de 1949, de contenido nacional y social, reimplantando los postulados del liberalismo – neoliberalismo.
 
La política entonces se encargó de desguazar el Estado Nacional y las conquistas sociales. Y reprimir al Movimiento Sindical. Su finalidad será siempre organizar y reorganizar el Estado Liberal de Derecho.
 
Y lo mismo pasó en Chile con el asesinato de Allende y el “pinochetazo” en 1973, oportunidad en que los “CHICAGO BOYS”, implantaron el neoliberalismo, que se reitera luego del regreso de Perón en la Argentina, en 1973, gestándose el golpe militar del 24 de Marzo de 1976, igual en Uruguay, para reimplantar el liberalismo más reaccionario y represivo. Una verdadera barbarie. Y más recientemente en Honduras y en Paraguay. Es lo que se intenta aplicar en Venezuela. El imperio organiza “GOLPES DUROS” y “GOLPES BLANDOS”, y desata la “guerra económica”, induce el proceso inflacionario, organiza el contrabando y el terrorismo mediático. Y groseramente declara que “Venezuela es una amenaza extraordinaria e inusual para la seguridad de los Estados Unidos de Norteamérica”.
 
El Estado mínimo y “La soberanía del consumidor”, es la falacia más arrogante del neoliberalismo, y es el lenguaje depredador del capitalismo salvaje.
 
En Paraguay, con Horacio Cartes se aprobó una Ley de supuesta Alianza Pública Privada – APP –, en el 2013, con la misma finalidad. La gestión pública traspasarla a la gerencia privada. Así, el proceso de privatización y debilitamiento del Estado está en marcha, pero con subterfugios y ofensiva implacable, declarando al mismo tiempo, que el sindicalismo es un estorbo para el progreso.
 
Por eso los trabajadores apelan a la CRUCIFICCIÓN para reivindicar sus derechos negados por el gobierno duramente represivo.
 
En Colombia, predomina las políticas neoliberales, y en especial en México, con el gobierno de Peña Nieto, se ha privatizado la industria petrolera y se desmonta progresivamente los postulados progresistas de la Constitución Nacional aprobada en 1917, en Querétaro, y que consagra los derechos de los trabajadores en su artículo 123. Igual procedimiento se sigue con la Seguridad Social y el sistema educativo. Lo mismo sucede en Guatemala, Honduras, Costa Rica, etc.
 
El objetivo central: PRIVATIZAR TODO Y FLEXIBILIZAR LAS RELACIONES LABORALES.
 
El propósito es el mismo siempre: la destrucción del Estado Social de Derecho, buscando restablecer el Estado Liberal de Derecho, con la supremacía absoluta del dios mercado en la sociedad, la libre competencia y el supuesto libre comercio.
 
Es así como las POLÍTICAS PÚBLICAS dejan de ser públicas, y se las traspasa a los mercaderes, dueños absolutos de las personas, bienes y haciendas del país.
 
Es la lógica de las privatizaciones de los activos públicos, la flexibilización –precarización- tercerización de las relaciones de trabajo, la destrucción del Derecho Laboral y Social, y reconvertir al ciudadano trabajador, en un simple productor dependiente y consumidor miserable, sometido a la ley de la oferta y la demanda, alquilando su trabajo, recibiendo como contraprestación un salario de hambre, y negándosele una pensión y jubilación digna.
 
La Directora del FMI acaba de declarar que la alarmante LONGEVIDAD ES UNA AMENAZA PARA LA ECONOMÍA MUNDIAL, QUE OBLIGA A ACTUAR CON URGENCIA.
 
Por eso, surge la voz de los pueblos -LOS INDIGNADOS-, el rearme moral y político de la ciudadanía, el reequipamiento cultural y político de la clase trabajadora, y el resurgir de gobiernos progresistas, para rescatar el poder del ESTADO SOCIAL DE DERECHO Y JUSTICIA, para ponerla al servicio de toda la sociedad.
 
Es así como se rearma el proceso de unidad e integración, y se crea la UNASUR, ALBA, CELAC.
 
El dato determinante es el rescate del ESTADO COMUNITARIO, con la conformación de la CELAC.
 
Para democratizar nuestras sociedades, debemos RECONSTRUIR EL ESTADO, REARTICULAR LA RELACIÓN DE PODER, REFUNDAR LA REPÚBLICA Y RECONFIGURAR LA CIUDADANÍA PLENA PARA CONSTRUIR LA DEMOCRACIA REAL.
 
Es la hora de una nueva ciudadanía, con un nuevo sentido de la responsabilidad social y de la tarea política irrenunciable.
 
El ESTADO – NACIÓN, debe ser el garante del BIEN COMÚN, y el propiciador de que los RECURSOS NATURALES, como los BIENES Y SERVICIOS creados por la sociedad y productos del trabajo humano, tengan un DESTINO UNIVERSAL, y no quedar en manos de una minoría que busca acumular sin cesar, expropiando el valor del trabajo y depredando los recursos naturales, concentrando conocimiento, riqueza y poder hegemónico, en pocas manos y en pocos países.
 
Hoy nos dicen -la Fundación Offman- que 1% de la población controla el 50% de la riqueza de nuestras sociedades.
 
Necesitamos democratizar la sociedad y relegitimar la SOBERANÍA DE LAS NACIONES Y LA AUTONOMÍA DE LOS PUEBLOS como manifestación de la AUTONOMÍA Y PODER SOBERANO - DEMOCRÁTICO DEL PUEBLO.
 
Y necesitamos reivindicar el verdadero valor del trabajo humano, - el trabajo no es mercancía y tiene prioridad sobre el capital -, en todos los espacios de la vida: en el sector público, en el sector privado y en el sector social.
 
Y eso exige una revisión profunda del modelo de acumulación y de concentración del sistema de poder hegemónico predominante. Es perentorio abrir las compuertas del ordenamiento social para incorporar en forma protagónica al mundo del trabajo y a toda la ciudadanía, hoy excluidos como factor de poder de la sociedad.
 
Por eso tiene razón el Papa Francisco cuando afirma en su documento pastoral “Evangelii Gaudium” lo siguiente:
 
• “NO A UNA ECONOMÍA DE EXCLUSIÓN”
• “NO A LA NUEVA IDOLATRÍA DEL DINERO”
• “NO A LA INEQUIDAD SOCIAL”
• “NO AL PODER DOMINIO – EL PODER ES SERVICIO”
• “NO AL SISTEMA DE DESCARTE DE LA PERSONA HUMANA”
 
Y para ello, es decisivo desarrollar una NUEVA CULTURA DEL TRABAJO, construir una NUEVA CIUDADANÍA, realizar una profunda REFORMA DEL ESTADO, de tal suerte que podamos contar con un ESTADO DEMOCRÁTICO SOCIAL DE DERECHO Y DE JUSTICIA.
 
Es la visión política y estratégica de la democratización de nuestras sociedades, respondiendo a las exigencias de cambio, y al reclamo del Foro Social Mundial – FSM – que estableció una nueva meta:
 
“O T R O M U N D O E S P O S I B L E”
 
Rodolfo Romero -RoRó.

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