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Bolivia: el discurso de la prensa en el conflicto cooperativista
Compartimos un artículo del portal Redcomsur.org.
Toda vez que se desarrolla un conflicto, surge la pregunta ¿cuál es el rol que deben cumplir los medios de comunicación? Es innegable reconocer, a primera vista, que los medios informan acerca de los hechos suscitados, sin embargo un análisis más detenido al discurso periodístico muestra la diferencia de enfoques, fuentes elegidas e interpretaciones que ponen de manifiesto intereses empresariales y políticos detrás de cada mensaje.
 
Los protagonistas de la información
 
Así sucedió en el caso de las cooperativas mineras. Tomando una muestra de algunos medios impresos y digitales se advirtió una tendencia en la que la dirigencia cooperativista tuvo el privilegio de contar con titulares de portada como sujeto protagonista en el conflicto. La construcción de ese sujeto lo mostró con iniciativa, con poder y fuerza. Ejemplos: Cooperativistas alistan bloqueos, mitines y “tomas”; Cooperativistas anuncian el inicio de los bloqueos; Cooperativistas retoman protesta contra el Gobierno; Cooperativistas van al bloqueo de caminos entre indecisiones.
 
Para esos medios no importó cuántas veces el Gobierno convocó al diálogo, cuántas cartas enviadas o cuántas conferencias de prensa realizadas. En otras palabras, no les interesó la contraparte. Desde el principio la dirigencia apareció como portadora de demandas que esos medios legitimaron y validaron día a día.
 
La noticia construida desde esa visión de la realidad, se caracterizó además por la superficialidad y la inmediatez. Se informó de las demandas pero en ningún caso se profundizó el contexto de aquellas, es decir, la historia de las cooperativas, el significado y alcance de las exigencias, soslayando el impacto negativo de las mismas para el conjunto del pueblo boliviano. En el nivel informativo no se explicó casi nada respecto a la composición del sector cooperativista -entre socios y trabajadores-, sobre los intereses empresariales, los contratos con privados y transnacionales, las ganancias, las inexistentes condiciones laborales y otros factores de fondo pero relevantes para el conocimiento de públicos ajenos a la realidad de la minería cooperativista.
 
Al elegir voluntariamente el protagonismo de la dirigencia cooperativista, la cual apareció más cantidad de veces como fuente periodística, esos medios reforzaron sus amenazas y acciones ilegales, mientras que al Gobierno atribuyeron el imaginario de no tener la voluntad de dialogar. El correlato de la falta de voluntad que esos medios alimentaron falsamente fue la excesiva y “espectacular” cobertura de la represión de la Policía, lo cual recreó el escenario de violencia con heridos, muertos y detenidos, todos “víctimas” de la decisión gubernamental. No sólo las fotografías mostraron los “campos de guerra”, sino los videos que incluyeron varios medios en su versión multimedia.
 
Opinadores y editoriales
 
Entre tanto, las columnas de opinión que se publicaron durante el tiempo del conflicto coincidieron con los editoriales de esos medios. Ellos enfocaron, desde su análisis, que el sector cooperativista fue un aliado del partido de gobierno, por una década, periodo en el cual le cedió una serie de ventajas hasta “criar cuervos” y que, por tanto, el conflicto era responsabilidad exclusiva del Gobierno. Opinólogos de trayectoria larga y conservadora repitieron al unísono “los aliados del MAS”, incluso insinuando un “autogolpe”, pero ninguno tocó el fondo del problema, la “capitalización” o privatización de los recursos naturales en el periodo neoliberal, del cual muchos de ellos formaron parte. En la retórica revestida de democracia, buscaron justificar a la dirigencia cooperativista ante la supuesta falta de voluntad de diálogo de parte del gobierno y se rasgaron las vestiduras ante la represión policial. De tanto repetir “los aliados del MAS”, tanto en sus textos como en los editoriales, sobraba un deseo de decir “bien hecho”, como si la convulsión fuese más importante que la pacificación.
 
Periodismo del “retuit”
 
Pero no todo quedó en las páginas digitales o impresas de esos medios, gracias a la tecnología y a las redes sociales, el “periodismo del retuit” fue una tendencia, es decir, lo que sacó uno de esos medios en Twiter inmediatamente se reprodujo en sus medios aliados; el mismo efecto se dio entre sus periodistas y aún más, entre éstos y políticos de la oposición. Un vistazo a los tuiters muestra el intenso “retuit” que en otras palabras expresa coincidencia y consenso en las ideas. Ejemplos: 2000: cocaleros torturan y asesinan a esposos Andrade y 2 policías; 2016, mineros torturan y asesinan al viceministro Illanes. No avanzamos; El Ministerio de Gobierno induce a concluir que se matan entre cooperativistas mineros; así también inducía el Zorro Sánchez Berzaín.
 
En las redes sociales también se observa la individualización del periodismo, pues allí cada quien emite sus opiniones y posiciones despojadas de la institucionalización del medio. Suele ser interesante leer los post y la interacción de periodistas con otros usuarios de la red. Allí es recurrente encontrar mensajes que ultrapasan fácilmente la responsabilidad de informar, donde periodistas pasan a ser jueces, fiscales, gobernantes y activistas al punto de convertirse en agitadores sociales de las redes.
 
El discurso de la confrontación
 
Este repaso a un grupo de medios impresos, digitales y redes sociales no es el ejercicio ocioso de conocer la subjetividad en la construcción del discurso periodístico, sino responde a la necesidad comunicacional de conocer qué tipo de discurso se construye hacia la opinión pública. En el conflicto suscitado por el sector cooperativista se pudo ver que este grupo de medios optó por el enfoque de la confrontación apelando a la desinformación y manipulación informativa pues privilegió el sector empresarial de las cooperativas, omitió a la contraparte, difundió información falsa (pese a los desmentidos oficiales) y apeló a la espectacularización de la violencia.
 
Por su parte, algunos periodistas, ávidos de protagonismo, condenaron las acciones del Gobierno, en coincidencia con la oposición política. Se prestaron al rol de “mensajeros” difundiendo materiales sin fuente verificada, a sabiendas de que la supuesta “pepa” no contribuye a esclarecer los hechos, sino a mantener un imaginario de incertidumbre y zozobra. ¿Es este el rol que la sociedad les encarga? Una vez más quedan evidencias de que el discurso periodístico esconde mucho más de lo que muestra y que aplica estrategias casi imperceptibles al sentido común del consumidor de medios y redes.
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