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La seguridad social, la ciencia y la tecnología
Compartimos el artículo del compañero Alberto Melgarejo, publicado en el boletín “Nuestra voz”.
Francis Fukuyama escribió 2 libros que reflejan el pensamiento neoliberal  que responde a los pocos que tienen el poder mundial: “El fin de las ideologías” y el “Fin del trabajo”. Es claro que en ese marco, no hay Seguridad Social posible: sin trabajo no hay aportes y, la ideología  en la seguridad social, está basada en la justicia social, cuestión que es de alto contenido filosófico, ideológico, económico, político y ético – cultural, sobre las que deben estar basadas las relaciones sociales. Sin embargo, el neoliberalismo dice que no hay que ideologizar la economía, pero no hay nada más acabadamente ideologizado que el propio neoliberalismo. Una contradicción nada inocente ya que lo que se busca es que perdamos la conciencia social a favor del individualismo contrario, justamente, a la solidaridad inter generacional que se necesita, para hacer posible el desarrollo y mantenimiento de las jubilaciones y pensiones y la seguridad social en general.

Una breve historia sobre el trabajo y la tecnología, que llegó al día de hoy con cambios muy profundos, y aplicados sin o con muy poca responsabilidad social respecto a los derechos de la humanidad en su conjunto.

El descubrimiento de la rueda trajo alivio al esfuerzo humano, pero fue menor el empleo de mano de obra; la invención de la reja para roturar los campos, trajo mayor producción y se necesitó menos mano de obra; la máquina  de vapor trajo la Revolución Industrial, que multiplicó la producción y la productividad y se necesitó menos mano de obra para producir más metros o kilos de lo que fuera. La ciencia y la tecnología siguieron avanzando y hoy tenemos una fábrica textil produciendo 5.000 metros de tela con 20 trabajadores, cuando hasta no hace muchos años se necesitaban 200 trabajadores para producir la misma cantidad de metros de tela. No se trata de ir contra el desarrollo de la ciencia y las nuevas tecnologías, esto es parte natural del desarrollo de la inteligencia humana, sino que hay que utilizarlas con sentido humanista.

Entonces es natural que nos preguntemos: ¿dónde está el resultado económico de toda esa producción de riqueza devenida de la aplicación de la ciencia y la tecnología? Es claro que en manos de los que concentran la riqueza porque cada vez hay menos mano de obra y menos aportes del conjunto de los trabajadores a la seguridad y previsión social, a pesar de que hay más productividad y producción.

Si la ciencia y la tecnología deben su desarrollo, desde lo empírico hasta hoy en el devenir del trabajo humano en toda su historia, entonces ese desarrollo debe ser distribuido entre toda la humanidad a través del trabajo y para que eso sea posible, hay que achicar los horarios de trabajo sin perder condiciones de vida, quitándole al trabajo la categoría de mercadería que le impone el neoliberalismo y al trabajador la categoría de recurso de la economía cuando debe ser al revés.

Hay una verdad incuestionable: el trabajador y su trabajo crea y produce riqueza; crea y produce servicios; transforma la naturaleza; crea y produce cultura y desarrollan la historia. Esto es una contestación clara a la afirmación del imperialismo, en cuanto a que la historia es el resultado del libre arbitrio del funcionamiento del mercado y que, por tanto, “no hay que molestar a la economía ni con los asuntos más nobles de lo social, como tampoco intencionar la historia”, una negación brutal de lo social. Todos debiéramos saber que para el neoliberalismo la sociedad es una simple agregación de individuos, individualistas, egoístas y utilitarios y a eso nos quieren llevar.

Los organismos internacionales, los gobiernos de los países desarrollados y subdesarrollados y hasta muchas organizaciones de trabajadores hablan de luchar contra la pobreza, está bien, pero hoy es imposible dado el sistema económico en que vivimos, porque de lo que se debiera hablar y luchar, es contra los mecanismos que hacen a la concentración de la riqueza, como única forma real de combatir la pobreza y la exclusión, y capaz de generar una seguridad social real, suficiente,  a la medida de las necesidades humanas, de todos los seres humanos.

Sabemos que esto no es fácil de conquistar, los enemigos del humanismo son muy poderosos pero, en definitiva, no hay otro camino por el que se debe transitar, no sólo los jubilados y/o pensionistas, sino también  los trabajadores y la sociedad en su conjunto.

Nos dice Theilard de Chardin acertadamente: “El hombre–mujer es individuo y especie, y más se debe a la especie que al individuo”.
 
Alberto Melgarejo
Srio. Formación CLATJUPAN        
 
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