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Buenas noticias… que no interesan
Compartimos un interesante artículo de Manuel Zaguirre, ExSecretario General USO y militante del Partido de los Socialistas de Cataluña.
En una gran medida, la información que nos inunda en los medios está fundada en el egoísmo y/o la estupidez. Ya sea en el ámbito más próximo -el racaraca secesionista, la corrupción, los enriquecimientos inmorales-, ya en el más lejano -las guerras o el riesgo de ellas, los líderes sin cabeza ni alma, la desigualdad abismal entre seres humano y países-.
 
La voz de los que sufren no es apenas noticia, o lo es muy efímera, salvo cuando ese sufrimiento se convierte en muerte por tierra y mar, y el morbo o la mala conciencia, o ambos, se desatan.
 
Tampoco dedican mucho espacio los medios a los héroes contemporáneos que ayudan de mil formas a los que sufren. Conductas indecentes de algún dirigente de alguna entidad solidaria han contribuido, no ya al silencio, sino al escarnio indiscriminado de ese 99,9% que apoyamos de alguna de esas mil formas.
 
Estas líneas han brotado examinando las últimas publicaciones que me han hecho llegar algunas de las ONGs a las que pertenezco, y como agradecimiento y homenaje a esos héroes anónimos antedichos.
 
Es el caso de Cruz Roja. Han tenido la amabilidad de enviarme un folleto con algo así como un informe de actividades de 2017, bajo la proclama de “Todo se resume en un SÍ”. Es casi inabarcable el volumen y el alcance de su acción humanitaria en el ancho mundo. Por ceñirnos sólo al ámbito de España, han sido 3.757.299 personas las beneficiarias de las ayudas de Cruz Roja y, entre ellas, están todos los sectores y categorías de la pobreza y la exclusión, desde los niños a los ancianos, o los inmigrantes antes de que mueran en el mar.
 
Algunos datos más sobre el hermoso universo de Cruz Roja en España: “Somos 1.305.995 socios y socias, 202.490 voluntarios, 10.700 trabajadores y trabajadoras estables. Un buen amigo de la época de la transición, Enrique de la Mata Gorostizaga, la presidió a nivel mundial al inicio de los 80”.
 
Especialmente heroico y emocionante resulta el esfuerzo de Médicos sin fronteras sobre su trabajo en Siria, un país martirizado y destruido tras 7 años de guerra por siniestras motivaciones geopolíticas y en la que, como siempre y como en todas, es la parte más inocente e indefensa la que aporta los muertos y el sufrimiento inmenso de los refugiados y desplazados. Médicos sin fronteras debe hacer su trabajo bajo las bombas, en hospitales casi destruidos, con precariedades angustiosas en lo tocante a implementos sanitarios y medicinales, con rutas intransitables para el traslado de heridos. Pese a todo, defienden con solvencia y un humanismo infinito la vida de 85.000 niños y niñas, en la provincia de Alepo, facilitándoles vacunas contra las dos mayores amenazas a la infancia siria, tras las bombas, claro: la preneumonía y el sarampión.
 
La comunidad rohingya es una minoría étnica y religiosa del norte de Myanmar, la antigua Birmania. Por ser diferentes, fueron perseguidos y asesinados por bandas más o menos vinculadas a las autoridades birmanas. Ello provocó que unas 700.000 personas de esa minoría religiosa huyeran a la desesperada a Bangladesh, uno de los países más pobres de la Tierra pero que los acogió solidariamente en base a una común profesión religiosa musulmana. Innecesario decir el estado infrahumano extremo en el que esos refugiados llegaron y vivieron en Bangladesh. Gracias a la acción de ACNUR (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados), las condiciones de vida de una buena parte de esa desgraciada comunidad rohingya han mejorado notablemente en los aspectos básicos dentro del drama que supone el refugio forzoso.
 
Sólo algunos datos que resumen los miles de iniciativas que lleva a cabo ACNUR en el sur de Bangladesh en defensa de la vida y la dignidad de los refugiados rohingya: se han fletado y enviado 17 aviones y 2 barcos con más de 2100 toneladas de materiales de emergencia de todo tipo, desde tiendas de campaña a alimentos, desde medicamentos a aulas, desde agua a vacunas. Una pequeña cifra sin chovinismo alguno: el Comité Español de ACNUR recaudó 3.299.659 euros gracias a la callada solidaridad de 56.643 conciudadanas y conciudadanos nuestros.
 
Sería bueno que ingresaran, quienes no lo estén aún, en este ejército maravilloso de héroes anónimos para la paz en base a la búsqueda de la justicia y la ayuda humanitaria para los más dolientes e ignorados de este mundo.
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