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El futuro del trabajo y el trabajo del futuro
Compartimos el punto de vista del compañero Roró, en el marco del debate sobre el futuro del trabajo de Incasur.
Por: Rodolfo Romero -RoRó-.
 
1.- Nosotros estamos viviendo una etapa muy especial de la historia humana.
Como nos dicen los expertos, vivimos la “historia de la mayor revolución silenciosa: la electrónica”, que marca nuestros pasos diariamente y que modifica conceptos tradicionales en muchos aspectos de nuestras vidas.
 
La microelectrónica, como lo dice Ignacio Martil, “ha cambiado nuestra forma de vivir, y esta revolución está basada en el desarrollo de la tecnología electrónica”.
 
La válvula de vacío, una cápsula de cristal que permite controlar la corriente eléctrica, más todo el sistema binario, los unos y los ceros, le dio una nueva vida a los transistores, a los semiconductores (silicio, germanio), a la mecánica cuántica y a los actuales ordenadores.
 
Todo esto impacta profundamente todo el sistema-proceso educativo, de tal suerte que hoy estamos exigidos por la necesidad de asumir con seriedad la alfabetización digital y la democratización del conocimiento.
 
El impacto generado por la segunda guerra mundial -murieron más de 60.000.000 de personas y fueron destruidas ciudades enteras- obligó al ser humano a apelar a su creatividad, y así fue que entre 1946 y 1956 se fueron estableciendo las bases para iniciar una nueva revolución tecnológica, que permitió desarrollar la actual era de la información y comunicación -la TIC-.
 
El transistor entró en marcha, apareció la invención del circuito integrado, en 1964 aparece y se desarrolla efectivamente la electrónica y la microelectrónica, y luego en 1971 aparecen los microchips, los microprocesadores y los actuales ordenadores personales.
 
Todo esto tiene una influencia poderosa en la organización de la economía-finanzas, en el ordenamiento de las políticas públicas y en toda la organización de la sociedad, con un fuerte impacto en el mundo del trabajo y en la educación en general.
 
Es que se pone en marcha la inteligencia artificial -el proceso de robotización- y toda la dinámica del mundo de hoy, monitoreada por el neoliberalismo, generando la actual etapa del capitalismo salvaje.
 
Tan salvaje que aparecen libros que lo caracterizan como “La revolución digital está triturando los ideales de la Revolución Francesa” (liberté, fralité, fraternité), y existe un alerta en el sentido de que esta en riesgo máximo la misma democracia capitalista.
 
En todo caso, funciona una democracia con orejeras, meramente representativa, sin la dinámica de la real participación del ciudadano, siguiendo las pautas exclusivas y excluyentes, establecidas por la lógica del mercado y los dictados de la oferta y la demanda, determinados por los mercaderes y los centros de poder fáctico, que buscan imponer sus intereses, que lo traducen muy bien como la acumulación y concentración de la riqueza y la maximización de sus beneficios.
 
1% de ricos y poderosos controlan más del 50% de la riqueza del planeta. En cada nuevo momento persiste la obsesión por la acumulación y concentración del poder y del tener. No existe el criterio de redistribución del ingreso.
 
Es tan escandalosa esta situación, que hoy se exige democratizar la sociedad, el conocimiento y desarrollar un amplio proceso de alfabetización digital.
 
2.- En todo este escenario, se encuentra entrampado el mundo del trabajo y toda la dinámica de la unidad, la solidaridad, la organización, la acción y la formación social, sindical y política.
 
En ciertos aspectos, es como si nos quedáramos varados en el tiempo. Sufrimos de un apagón cultural-emocional. Necesitamos recuperar nuestra mística sindical.
 
Como decía Albert Einstein, genio del siglo pasado y al parecer de todos los tiempos, “La visión pasado-presente-futuro es una ilusión muy persistente”, nosotros podemos afirmar que la verdadera realidad se llama futuro.
 
Es el futuro el que nos emplaza para definir que somos, qué identidad tenemos, qué queremos y qué estamos haciendo para no morir simplemente soñando. Está en juego la suerte de la generación de relevo, los jóvenes, nuestros hijos, nietos y tataranietos.
 
Es el gran desiderátum del mundo del trabajo. Repensar y reflexionar a fondo sobre nuestra propia identidad, sobre los fines que perseguimos y los medios que utilizamos para realizarnos históricamente como clase social y como hacedores de la historia en el marco de un proceso de liberación posible.
 
Para nosotros es importante definir con claridad el concepto que tenemos sobre el trabajo humano, sabiendo que para el neoliberalismo-capitalismo, el trabajo es simplemente mercancía que el trabajador ofrece en el mercado como fuerza de trabajo, según Carlos Marx.
 
Para la clase trabajadora y para todo el humanismo integral, el trabajo es parte inseparable de la dignidad y de los derechos-deberes del ser humano, consecuentemente tiene “prioridad sobre el capital”, ya que este es parte instrumental de la organización empresarial y de la misma organización de toda la sociedad.
 
Es bueno destacar que la evolución del trabajo humano tiene sus propios vaivenes, dependiendo del sistema hegemónico que lo organiza. Así es como conocemos la época de la esclavitud, de los siervos de la gleba, del régimen del asalariado, y hoy ya se menciona la creación de una supuesta “economía colaborativa”.
 
En la época de la esclavitud, el esclavo era asimilado a las cosas y su dueño lo ofrecía en el mercado como una mercadería, dependiendo de su fisonomía, musculatura y resistencia su valor de compra-venta. Era una fuerza de trabajo, como lo es la energía, que es capacidad de producir trabajo.
 
Tengamos presente que en el régimen del asalariado, el trabajador es la persona en relación de dependencia de un empleador (el patrón), sometido de mil maneras a un largo y doloroso proceso de explotación, con jornadas laborales que en la primera etapa de la revolución industrial giraba alrededor de las 14-16 y hasta 18 horas de trabajo.
 
Después de las históricas luchas de los mártires de Chicago, que jalonaron la lucha por las “tres ocho horas de trabajo” ( 8 horas de trabajo, 8 horas de recreación y cultura y 8 horas de descanso), hoy está en marcha procesos de reforma laboral para ampliar nuevamente la jornada laboral y reducir -y eliminar si es posible- los derechos laborales.
 
Tengamos presente que la creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) permitió humanizar el trabajo, estableciendo a nivel mundial la jornada de 8 horas de trabajo. Y es bueno recordar, que la libertad sindical y la contratación colectiva aparecieron recién en 1947/48 (Convenio 87 y 98 de la OIT, y en 1951 el Convenio para los trabajadores del sector público).
 
Toda la ofensiva actual del neoliberalismo-capitalismo salvaje, apoyado adicionalmente en las políticas fondo-monetaristas (FMI), insiste en la necesidad de las reformas laborales para acentuar el proceso de explotación.
 
Es patético lo de Bolsonaro, al expresar que le preocupaba la situación de los empresarios-inversionistas de su país, ya que debían enfrentarse diariamente a los derechos de los trabajadores
 
Es exactamente igual la supuesta preocupación de M. Macri y de todo el FMI, que exigen reforma laboral-reforma de las pensiones-jubilaciones, etc. supuestamente para refundar la Argentina.
 
En esta perspectiva, el Papa Francisco ha expresado con claridad: “Que el trabajador no sea explotado para poder trabajar”.
 
Nosotros sustentamos que el trabajo no es mercancía y que, tanto el derecho al trabajo como el derecho del trabajo, son conquistas inalienables, irrenunciables, ya que están adheridos a la dignidad de la persona humana y conforman un verdadero circuito integrado al actual proceso civilizatorio y a todo el desarrollo de la cultura humana.
 
En 1944, en la Declaración de Filadelfia de la OIT se afirma categóricamente que el trabajo no es mercancía, y que sin libertad de expresión y libertad sindical no puede existir la democracia.
 
Hoy tiene plena vigencia esta declaración, que se actualiza diariamente con el avance de la conciencia-existencia social de la ciudadanía del siglo XXI y la visión de la democracia participativa y de un estado social democrático de derecho y de justicia social para conquistar la paz universal, un anhelo colectivo que hace tanta falta a la humanidad.
 
Toda esta visión está relacionada con un nuevo enfoque de todo lo que debe ser y cómo debe funcionar una economía con rostro humano para promover un verdadero desarrollo sustentable.
 
3.- El trabajo del futuro y el futuro del trabajo, como nunca, está sometido a la crisis global y a los cambios vertiginosos que estamos enfrentando, y que se agudiza con la revolución electrónica-inteligencia artificial-proceso de robotización que el sistema capitalista hegemónico está suscitando, basado en la concepción de que el trabajo es mercancía.
 
Un debate de fondo es la relación entre los diferentes factores de producción, en especial la relación trabajo-capital, ya que para el capitalismo-neoliberalismo el trabajo siendo mercancía, no figura en el mapa de la sociedad.
 
Al respecto, podemos mencionar algunos conceptos muy valiosos. El propio Abraham Lincoln, el famoso leñador, afirmaba que el capital es trabajo acumulado; mientras C. Marx afirmaba que el capital se apoderaba de la plusvalía que generaba el trabajo al transformar la materia prima y elaborar un proceso productivo. El Papa Juan Pablo II fijó con claridad el concepto de que “El trabajo tiene prioridad sobre el capital”.
 
Pero es importante reconocer que la revolución electrónica está ninguneando al trabajo, y busca sustituirlo en forma acelerada con el avance vertiginoso de la tecnología moderna, de tal suerte que tenemos el gran desafío de la inseguridad-incertidumbre sobre lo que acontecerá efectivamente en las próximas décadas: década del 20 y del 30 del presente siglo, y naturalmente en las próximas décadas.
 
Los científicos nos preanuncian que, en estas próximas décadas, la revolución electrónica, por cada puesto de trabajo que irá creando, eliminará 3.5% de los trabajos anteriores, de tal suerte que ya se menciona que tendremos el problema grave del desempleo masivo creciente en el transcurso de nuestro siglo XXI.
 
4.- Hoy ya existe un debate sobre la competencia entre el cerebro humano, centro de nuestro aprendizaje y la inteligencia artificial, apostando algunos al triunfo de la inteligencia artificial, y otros más humanistas, apostando sin reservas al triunfo de la inteligencia múltiple del ser humano, que siempre busca, fabrica y encuentra alternativas en los momentos más difíciles.
 
Todo esto representa un tremendo desafío para el mundo del trabajo, en particular para el Movimiento Obrero-Movimiento de Trabajadores-Movimientos Sociales.
 
Es vital reequiparnos culturalmente, terminar el apagón cultural de los luchadores, de los dirigentes y de los líderes que están llamados, tanto en su responsabilidad actual y como promotores de una generación de relevo, a rediseñar, redimensionar, reestructurar y renovar profundamente toda nuestra concepción ideo-política-socio-política y estrategia, para enfrentar toda la novedad y los cambios que se irán anunciando en el proceso socio-económico-financiero y en la visión político-estratégico del neoliberalismo-capitalismo salvaje, imperialismo-corporaciones transnacionales y los diferentes factores de poder que hoy hegemoniza el mundo.
 
Las corporaciones transnacionales ponen en marcha una cultura corporativa, con pretensiones de uniformar el pensamiento y el accionar humano.
 
Está en marcha una gran batalla cultural que debemos asumir.
 
Nuestra responsabilidad es captar los desafíos como retos que debemos contestar apropiadamente. Debemos reactivar nuestro proceso de educación para la vida, de formación para la acción ciudadana y de capacitación para el trabajo.
 
La batalla cultural es la que no podemos seguir perdiendo.
Debemos activar los talentos personales y sociales, y utilizar con inteligencia lo que hoy se denomina “correlación genotipo ambiente”, estimulando y aprovechando al máximo los aportes de la ciencia genética y el mejoramiento de toda la existencia social, la experiencia que hemos acumulado y toda la emocionalidad-creatividad-combatividad de la clase trabajadora. 
 
Por alguna razón se ha dicho siempre que la lucha es un mundo de tareas al que no podemos renunciar. “El que renuncia a la lucha, renuncia a la vida”. No podemos olvidar que nuestra marcha es al mismo tiempo una marcha personal y una marcha colectiva. La memoria nos incita a seguir siendo protagonistas de nuestro proceso de liberación.
 
Seamos nuevamente atrevidos, con ganas de construir el futuro. No nos dejemos robar la esperanza.
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