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El futuro del trabajo y el trabajo del futuro
Compartimos el punto de vista del compañero Roró*, en el marco del debate sobre el futuro del trabajo de Incasur.
*Dedico este trabajo de reflexión al V Congreso Ordinario de la CUT-A, que se desarrolló del 14 al 16 de octubre del 2019.
*Y lo hago también en nombre de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de los Trabajadores Estatales (CLATE), que aborda este tema-problema en forma sistemática y con enfoque integral.
 
1.- INTRODUCCIÓN
El futuro del trabajo y el trabajo del futuro es un tema-problema apasionante. Debemos asociarlos en forma inteligente. El presente nos compromete. El futuro nos interpela.
 
Estamos conmemorando los 100 años de vida y acción de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), creada en 1919, que nos obliga a darle un profundo sentido social, sindical y político. La problemática del trabajo nos convoca y nos desafía. Tanto en el futuro inmediato como en el horizonte de los próximos 30-50 años. Julio Fuentes, Presidente de la CLATE, participó en la 108 Conferencia de la OIT y analizó el tema con interrogantes y propuestas claras. Hacemos un aporte sobre la materia, distinguiendo tres aspectos claves del mismo:
 
  1. En la dimensión humana, ya que esta en juego la dignidad y los derechos humanos de los trabajadores, sujeto del trabajo, considerado por el neoliberalismo como simple mercancía. ¿Nos inquieta cómo evolucionará en el tiempo futuro en las dos perspectivas?
 
  1. En la dimensión político-económica-social-cultural. Todo lo que tiene que ver con el trabajo impacta las instituciones políticas de la sociedad y es parte substantiva de la economía, responsable de la producción de bienes y servicios necesarios para la satisfacción de las necesidades y motor del progreso humano. Está en juego la ubicación social correcta y la cultura del trabajo.
  2. En la dimensión científica-tecnológica, considerando que la ciencia y la tecnología van produciendo nuevos conocimientos y nuevas herramientas, que van generando cambios estructurales y coyunturales en toda la sociedad     
 
2.- TIEMPO DE CAMBIOS
Nosotros estamos viviendo una etapa muy especial de la historia humana. Los cambios vertiginosos están a la orden del día. Como nos dicen los expertos, vivimos “La historia de la mayor revolución silenciosa: la electrónica”, que marca nuestros pasos diariamente y modifica conceptos tradicionales en muchos aspectos de nuestras vidas y de nuestro trabajo.
 
La microelectrónica, como lo dice Ignacio Martil, “ha cambiado nuestra forma de vivir, y esta revolución está basada en el desarrollo de la tecnología electrónica”.
La válvula de vacío, una cápsula de cristal que permite controlar la corriente eléctrica, mas todo el sistema binario, los unos y los ceros, le dio una nueva vida a los transistores, a los semiconductores (silicio, germanio), a la mecánica cuántica y a los actuales ordenadores personales.
 
Todo esto impacta profundamente todo el sistema del ordenamiento social y todo el proceso productivo-educativo-cultural, de tal suerte que hoy estamos exigidos por la necesidad de asumir con seriedad la alfabetización digital, la democratización del conocimiento y la visión de una nueva economía centrada en el rostro y los derechos humanos, donde el Estado debe tener un rol decisivo. También los trabajadores.
 
El impacto generado por la segunda guerra mundial -murieron más de 60.000.000 de personas y fueron destruidas ciudades enteras- obligó al ser humano a apelar a su creatividad, y así fue que entre 1946 y 1956 se fueron estableciendo las bases para iniciar una nueva revolución tecnológica que permitió desarrollar la actual era de la información y la comunicación (TIC).
 
El transistor entró en marcha, apareció la invención del circuito integrado, en 1964 aparece y se desarrolla efectivamente la electrónica y la microelectrónica, y luego en 1971 aparecen los microchips, los microprocesadores y los actuales ordenadores personales.
 
Todo esto tiene una influencia poderosa en la organización de la economía-finanzas, en el ordenamiento de las políticas públicas, y en toda la organización de la sociedad, con un fuerte impacto en el mundo del trabajo, en la educación en general y en la capacitación profesional. Y puede acelerar los procesos de privatización.
 
Es que se pone en marcha la inteligencia artificial, el proceso de robotización y toda la dinámica del mundo de hoy, monitoreada por el neoliberalismo, generando la actual etapa del capitalismo salvaje.
 
Tan salvaje que aparecen libros que lo caracterizan como La revolución digital está triturando los ideales de la revolución francesa” (liberté, egalité, fraternité), y existe un alerta en el sentido de que está en riesgo máximo la misma democracia capitalista, ya que está en marcha una “democracia” más elitesca de los CEOs.
 
En todo caso, funciona una democracia con orejeras, meramente representativa, sin la dinámica de la real participación del ciudadano, siguiendo las pautas exclusivas y excluyentes, establecidas por la lógica del mercado y los dictados de la oferta y la demanda, determinados por los mercaderes y los centros de poder fáctico, que buscan imponer sus intereses, que lo traducen muy bien como la acumulación y concentración de la riqueza y la maximización de sus beneficios. Los datos son alarmantes.
 
1% de ricos y poderosos controlan más del 50% de la riqueza del planeta.
En cada nuevo momento persiste la obsesión por la acumulación y concentración del poder y del tener.
No existe el criterio de redistribución del ingreso.
 
Es tan escandalosa esta situación, que hoy se exige democratizar la sociedad, el conocimiento y desarrollar un amplio proceso de alfabetización digital.
 
3.- PASADO-PRESENTE-FUTURO-DESAFÍOS PARA EL SINDICALISMO
En todo este escenario se encuentra entrampado el mundo del trabajo y toda la dinámica de la unidad, la solidaridad, la organización, la acción y la formación social, sindical y política.
 
En ciertos aspectos, es como si nos quedáramos varados en el tiempo. Sufrimos de un apagón cultural-emocional. Necesitamos recuperar nuestra mística sindical.
 
Como decía Albert Einstein, genio del siglo pasado y al parecer de todos los tiempos, “La visión pasado-presente-futuro es una ilusión muy persistente”. Nosotros podemos afirmar que la verdadera realidad se va llamando futuro. El pasado representa nuestro historial de lucha. El presente es un puente que nos obliga a renovarnos e innovar.
 
Es la lectura que el movimiento sindical y los movimientos sociales en común debemos hacer, si queremos sobrevivir y ofrecer un proyecto a nuestros pueblos.
 
Es el futuro el que nos emplaza para definir qué somos, qué identidad tenemos, qué queremos y qué estamos haciendo para no morir simplemente soñando. Está en juego la suerte de la generación de relevo, los jóvenes, nuestros hijos, nietos y tataranietos. Necesitamos imaginar y construir el futuro.
 
Es el gran desiderátum del mundo del trabajo. Repensar y reflexionar a fondo sobre nuestra propia identidad, sobre los fines que perseguimos y los medios que utilizamos, para realizarnos históricamente como clase social y como hacedores de la historia en el marco de un proceso de liberación posible.
 
Para nosotros es importante definir con claridad el concepto que tenemos sobre el trabajo humano, sabiendo que para el neoliberalismo-capitalismo, el trabajo es simplemente mercancía, que el trabajador lo ofrece en el mercado como “fuerza de trabajo” según Carlos Marx.
 
Para la clase trabajadora, y para todo el humanismo integral, el trabajo es parte inseparable de la dignidad y de los derechos-deberes del ser humano, consecuentemente tiene prioridad sobre el capital”, ya que este es parte instrumental de la organización empresarial y de la misma organización de toda la sociedad.
 
Es bueno destacar que la evolución del trabajo humano tiene sus propios vaivenes, dependiendo del sistema hegemónico que lo organiza. Así es como conocemos la época de la esclavitud, de los siervos de la gleba, del régimen del asalariado, y hoy ya se menciona la creación de una supuesta y tramposa “economía colaborativa”, incorporando una supuesta alianza pública-privada (APP), que sirve para destruir la relación de trabajo-relación laboral. Es la trampa de la privatización.
 
En la época de la esclavitud, el esclavo era asimilado a las cosas y su dueño lo ofrecía en el mercado como una mercadería, dependiendo de su fisonomía, musculatura y resistencia, su valor de compra-venta. Era una fuerza de trabajo, como lo es la energía, que es capacidad de producir trabajo.
 
Tengamos presente que, en el régimen del asalariado, el trabajador es la persona en relación de dependencia de un empleador (el patrón), sometido de mil maneras a un largo y doloroso proceso de explotación, con jornadas laborales que, en la primera etapa de la revolución industrial, giraba alrededor de las 14/16 y hasta 18 horas de trabajo, sin ninguna protección social y legal.
 
Después de las históricas luchas de los mártires de Chicago (1886), que jalonaron la lucha por las tres ocho horas de trabajo (8 horas de trabajo, 8 horas de recreación y cultura y 8 horas de descanso), hoy está en marcha procesos de reforma laboral, de pensiones y jubilaciones para ampliar nuevamente la jornada laboral y reducir -y eliminar si es posible- los derechos laborales.
 
Tengamos presente que la creación de la Organización Internacional del Trabajo en 1919 (se conmemora sus 100 años) permitió humanizar el trabajo, estableciendo a nivel mundial la jornada de 8 horas de trabajo. Y es bueno recordar, que la libertad sindical y la contratación colectiva, aparecieron recién en 1947/48 (Convenio 87 y 98 de la OIT, y en 1951/54 el Convenio para los trabajadores del sector público).
 
Toda la ofensiva actual del neoliberalismo-capitalismo salvaje, apoyado adicionalmente en las políticas fondo-monetaristas (FMI), insiste en la necesidad de las reformas laborales para acentuar el proceso de explotación-privatización.
 
  • Es patético lo de Bolsonaro, al expresar que le preocupaba la situación de los empresarios-inversionistas de su país, ya que debían enfrentarse diariamente a los derechos de los trabajadores. Macri en Argentina piensa y actúa igual.
  • Es exactamente igual la supuesta preocupación de M. Macri y de todo el FMI, que exigen reforma laboral-reforma de las pensiones-jubilaciones, etc. supuestamente para refundar la Argentina, sin el protagonismo del Estado y sin la presencia de la clase trabajadora.
  • En esta perspectiva, el Papa Francisco ha expresado con claridad: “Que el trabajador no sea explotado para poder trabajar”.
 
Nosotros sustentamos que el trabajo no es mercancía, y que tanto el derecho al trabajo como el derecho del trabajo son conquistas inalienables, irrenunciables, ya que están adheridos a la dignidad de la persona humana y conforman un verdadero circuito integrado, al actual proceso civilizatorio y a todo el desarrollo de la cultura humana.
 
En 1944, en la Declaración de Filadelfia de la OIT se afirma categóricamente que el trabajo no es mercancía, y que sin libertad de expresión y libertad sindical, no puede existir la democracia. esta visión lo reafirmó Julio Fuentes, Presidente de la CLATE, en la 108 Conferencia Internacional de la OIT, conmemorando los 100 años de vida de ese organismo especializado de la ONU
 
Hoy tiene plena vigencia esta declaración, que se actualiza diariamente con el avance de la conciencia-existencia social de la ciudadanía del siglo XXI y la visión de la democracia participativa-protagónica y de un estado social democrático de derecho y de justicia social, para conquistar la paz universal, un anhelo colectivo que hace tanta falta a la humanidad.
 
Toda esta visión esta relacionada con un nuevo enfoque de todo lo que debe ser y cómo debe funcionar una economía con rostro humano, para promover un verdadero desarrollo sustentable, como lo encara las naciones unidas (ONU).
 
  1. EL TRABAJO DEL FUTURO Y EL FUTURO DEL TRABAJO
Como nunca está sometido a la crisis global y a los cambios vertiginosos que estamos enfrentando, y que se agudiza con la revolución electrónica-inteligencia artificial-proceso de robotización que el sistema capitalista hegemónico está suscitando, basado en la concepción de que el trabajo es mercancía.
 
Un debate de fondo es la relación entre los diferentes factores de producción, en especial la relación trabajo-capital, ya que para el capitalismo-neoliberalismo, el trabajo siendo mercancía, no figura en el mapa de la sociedad.
 
Al respecto, podemos mencionar algunos conceptos muy valiosos. El propio Abraham Lincoln, el famoso leñador, afirmaba que el capital es trabajo acumulado; mientras C. Marx afirmaba que el capital se apoderaba de la plusvalía que generaba el trabajo al transformar la materia prima y elaborar un proceso productivo. El Papa Juan Pablo II fijó con claridad el concepto de que “El trabajo tiene prioridad sobre el capital”.
 
Pero es importante captar que la revolución electrónica está ninguneando al trabajo y busca sustituirlo en forma acelerada con el avance vertiginoso de la tecnología moderna, de tal suerte que tenemos el gran desafío de la inseguridad-incertidumbre sobre lo que acontecerá efectivamente en las próximas décadas: del 20 y del 30 del presente siglo, y naturalmente en las próximas décadas. LOS CEOs (gerentes) pretenden apoderarse de este desafío.
 
Los científicos nos preanuncian que en estas próximas décadas la revolución electrónica por cada puesto de trabajo que irá creando eliminará 3.5% de los trabajos anteriores, de tal suerte que ya se menciona que tendremos el problema grave del desempleo masivo creciente en el transcurso de nuestro siglo XXI.
 
  1. EL CEREBRO HUMANO Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Hoy ya existe un debate sobre la competencia entre el cerebro humano, centro de nuestro aprendizaje y la inteligencia artificial, apostando algunos al triunfo de la inteligencia artificial, y otros más humanistas, apostando sin reservas al triunfo de la inteligencia múltiple del ser humano, que siempre busca, fabrica y encuentra alternativas en los momentos más difíciles.
 
Estamos retados a reaprender todo y usar al máximo nuestra inteligencia múltiple, para poder enfrentar con “inteligencia” y con cultura asociativa y conciencia política esta nueva realidad.
 
Todo esto representa un tremendo desafío para el mundo del trabajo, en particular para el movimiento obrero, movimiento de trabajadores y movimientos sociales.
 
El V congreso de la CUT-A tiene una gran responsabilidad en esta materia.
 
Es vital reequiparnos culturalmente, terminar el apagón cultural de los luchadores, de los dirigentes y de los líderes que están llamados, tanto en su responsabilidad actual y como promotores de una generación de relevo, a rediseñar, redimensionar, reestructurar y renovar profundamente toda nuestra concepción ideo-política-socio-política y estrategia, para enfrentar toda la novedad y los cambios que se irán anunciando en el proceso socio-económico-financiero y en la visión político-estratégico del neoliberalismo – capitalismo salvaje, imperialismo-corporaciones transnacionales y los diferentes factores de poder  que hoy hegemoniza el mundo.
 
Las corporaciones transnacionales ponen en marcha una cultura corporativa, con pretensiones de uniformar el pensamiento y el accionar humano. Y para ello aceleran las investigaciones científicas y los avances tecnológicos, en la perspectiva de mejorar la competitividad, productividad y rentabilidad de las empresas, sin importarle la suerte de la clase trabajadora.
 
En esta ofensiva, los empresarios, los políticos entrampados en la lógica neoliberal, como los medios de comunicación social, sólo exigen reformas laborales, reforma de las jubilaciones, reforma fiscal para someter y explotar con más rigurosidad al trabajo humano y garantizar así, la maximización de sus beneficios a nivel nacional e internacional.
 
La inteligencia artificial, considerada la 4º revolución industrial, se la describe como la fusión de los mundos físico, digital y biológico, como una gran promesa, que puede ayudar a las personas, a las empresas y comunidades para unirse e iniciar una nueva etapa en todo su quehacer. Cambiar para mayor beneficio de los inversionistas. Es entonces que nosotros debemos interrogarnos: ¿servirá para construir un mundo más humanizado y un futuro sin la escandalosa desigualdad e injusticia social que hoy predomina?
¿Cómo regularlo, organizarlo sin violencia, sin exclusión y sin explotación del trabajo humano? ¿Qué papel debemos jugar los trabajadores organizados?
 
Debemos recordar hoy más que nunca la inquietud del Papa Francisco, quien exclamó lo siguiente: “Que el trabajador no sea explotado para trabajar”. “No nos dejemos robar la esperanza”.
 
Está en marcha una gran batalla cultural que debemos asumir.
 
Nuestra responsabilidad es captar los desafíos como retos que debemos contestar apropiadamente. Debemos reactivar nuestro proceso de educación para la vida, de formación para la acción ciudadana y de capacitación para el trabajo.
 
Estas tres dimensiones deben ser analizadas en los congresos sindicales, en los seminarios y reuniones para programar una nueva etapa en la formación de nuestras bases, de nuestros cuadros, de nuestros dirigentes y líderes para superar
 
La batalla cultural y el nuevo enfoque en la capacitación profesional, es la que no podemos seguir perdiendo. La robotización y todo el avance de la inteligencia artificial, representa un gran desafío para toda la clase trabajadora.
 
Debemos activar los talentos personales y sociales, y utilizar con inteligencia lo que hoy se estimulando y aprovechando al máximo los aportes de la ciencia genética y el mejoramiento de toda la existencia social, la experiencia que hemos acumulado y toda la emocionalidad-creatividad-combatividad-mística de la clase trabajadora.
 
En Paraguay, sabemos los desafíos que enfrentamos diariamente. La corrupción -impunidad, la crisis económica, la “crispación política”, el desempleo, la falta de oportunidades para la juventud, como la atomización del Movimiento Sindical, representan retos formidables que debemos enfrentar con mucha lucidez hoy y en la próxima década de este siglo XXI, que se caracteriza por la crisis global y los cambios vertiginosos que nos sorprende diariamente. 
 
Es probable que sea un nuevo momento para reflexionar y avanzar en la dirección de recrear la unidad de la clase trabajadora paraguaya, que puede ser: a) unidad de acción, b) unidad programática, c) unidad orgánica.
 
Por alguna razón se ha dicho siempre que la lucha es un mundo de tareas al que no podemos renunciar. “El que renuncia a la lucha, renuncia a la vida”.
No podemos olvidar que nuestra marcha es al mismo tiempo una marcha personal y una marcha colectiva. La memoria nos incita a seguir siendo protagonistas de nuestro proceso de liberación.
 
Tengamos siempre presente que la historia no tiene regreso, y como luchadores, afirmemos diariamente una gran verdad:
 
“Toda victoria es relativa, toda derrota es transitoria”.
 
Seamos nuevamente atrevidos, con ganas de construir el futuro.
 
Renuevo mi convicción: “En tiempos de crisis, la consigna es volver a creer para volver a crear”.
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