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Esta es la oportunidad
Compartimos la propuesta del grupo Felipe Vallese para sortear la crisis argentina, elaborado por Carlos Juliá, Horacio Rovelli y el vicepresidente de FPH, Carlos “Pancho” Gaitán.
Las distintas generaciones de argentinos hemos transitado a lo largo de nuestra historia por distintas experiencias a la postre negativas y algunas cuasi traumáticas, de las cuales sus enseñanzas no hemos sabido aprovechar.
 
Por el contrario, luego de los hechos y sus consecuencias, somos capaces de generar grandes debates sobre causas, efectos, métodos y soluciones con extensos fundamentos, importantes documentos, pero luego de transcurrido cierto tiempo y llegado el momento cometeremos los mismos errores. Volverán a reiterarse argumentos a favor y en contra pero la única verdad, como dijera un viejo general de nuestra nación, es la realidad y la realidad nos dice que en una y otra circunstancia los argentinos volvemos a tropezar con la misma piedra.
 
Esto resulta por demás preocupante por no tratarse solo de meros hechos coyunturales, sino de aquellos que hacen a nuestra forma de ser, a nuestra propia idiosincrasia y existencia. Así parece haber sucedido con diversos momentos de nuestra historia, tanto antes como después de la organización nacional, en donde las matanzas y el exterminio de poblaciones y grupos humanos sembraron nuestro pasado hasta el genocidio de un régimen cívico-militar, que significó la degradación misma como civilización, ejecutada por aquellos que levantan las banderas contra la “barbarie del pueblo” cuando son ellos los descendientes y herederos de quienes mataron, saquearon y se apropiaron de tierras y riquezas.
 
Son quienes suelen reaparecer de tanto en tanto, con orgullo de su linaje y riquezas robadas en distintas épocas y por métodos diversos. Son los verdaderos bárvaros que se presentan como paladines de la civilización y democracia. Ejemplos sobran, desde el genocidio de los pueblos originarios, de los Quilmes, entre muchos otros en el norte, como así también de las diversas tribus del sur. Pero si estas matanzas tuvieron como objetivos verdaderos alcanzar logros económicos, sometiéndolos para ocupar sus tierras, también existieron motivos directamente materiales y especulativos, como los generados por medio de la deuda externa de nuestro país.
 
Desde la Baring Brothers hasta nuestros días, los mercaderes de adentro, de pensamiento antisoberano y dependiente, con los representantes de afuera del coloniaje de las grandes potencias de cada época, nos hacen tropezar una y otra vez con la misma piedra. Parafraseando “La maldición de Malinche”: “Los de adentro le rinden honores a los rubios de afuera, mientras desprecian al hermano, al gaucho, al criollo que defiende nuestra tierra y nuestra soberanía”.
 
Transcurrían los tiempos de la denominada convertibilidad, una fórmula presentada como método para derrotar definitivamente a la inflación (un mal endémico arraigado en nuestro sistema socio-económico), método que fijaba el valor del peso moneda nacional en igualdad con el dólar de los EE.UU. Mientras tanto, estaba en plena gestación y crecimiento la que se llamaría luego la crisis del 2001, donde casi en el anonimato para los círculos del poder un pensador, economista de profesión, Don Mauricio Prelooker, estaba muy preocupado por la forma en que un día nos veríamos obligados a salir de esa falsa paridad.
 
Como en las guerras, que siempre son pagadas por los perdedores, también en las crisis económicas finalmente hay ganadores y perdedores, por lo tanto alguien deberá pagarlas. Casi siempre la factura se la pasan al pueblo, especialmente a los sectores más postergados, los excluidos por el sistema, los descartables, al decir de quien fuera Cardenal Primado Argentino, Monseñor Jorge Mario Bergoglio.
 
Como sabemos, esa crisis no la pagaron ni los bancos que se habían cansado de ganar dinero con la especulación financiera, ni los proveedores del Estado, ni los acreedores de la deuda pública. La pagó como siempre el pueblo trabajador y los pequeños ahorristas, que habían creído de buena fe, unos y otros no tanto, “que un peso era igual a un dólar, y quien había depositado dólares recibiría dólares”, según lo afirmara el entonces Presidente de la Nación.
 
La fórmula estudiada y propuesta por Mauricio Prelooker es instituir una moneda no convertible cuya  garantía es la creación de un impuesto nacional patrimonial a la tierra. El nuevo gravamen propuesto abreva en el impuesto inmobiliario que rigió en la provincia de Buenos Aires entre los años 1948 y 1974. Durante ese período, ese  tributo tenía al propietario como sujeto de imposición, a diferencia del actual  gravamen que grava al objeto, esto es, las tierras y sus mejoras. Hasta el golpe  militar del 1955, además, rigió un recargo del 25% en la alícuota cuando el propietario fuese una sociedad anónima y otro 25% si el propietario residía más de tres años en el exterior. 
 
La moneda no convertible funciona como una inyección de medios de pago en la economía y, sin que le cueste al país un solo centavo de intereses, es un enorme autopréstamo que el país se hace a sí mismo, recuperable con el propio aumento del PIB y al favorecer las cuentas fiscales, a la par que se apuntala la demanda agregada sin presionar sobre los precios y sobre su conversión en divisas e instrumentos financieros.
 
La moneda no convertible generaría riqueza, trabajo, crecimiento; contendría la inflación y la suba del dólar y las divisas extranjeras, hecho que, lamentablemente, no fue tenido en cuenta por la conducción de la política económica nacional en la crisis de los años 2001 y 2002.
 
En diversas oportunidades pensamos que podría resultar conveniente para sanear las finanzas de Argentina implementar un plan de grandes obras públicas para el desarrollo de una región, por ejemplo nuestra olvidada Patagonia, con el financiamiento por parte de una moneda no convertible como préstamo a tasa cero, ya que no es una línea de préstamos, con altas tasas de interés tomado de inversores públicos o privados en el extranjero, ni se trata de la emisión de un bono soberano para colocar entre inversores financieros. Es un autopréstamo a tasa cero, como nos enseñara Prelooker. Tampoco se dieron las condiciones para proponerlo, ya que ante los primeros sondeos y averiguaciones llegamos a la conclusión que sería rechazada la propuesta o no tenida en cuenta.
 
Ahora es muy posible que, ante la falta de recursos que por diversas causas se ven privadas las tesorerías de las provincias, ante la caída en la recaudación local y de la nacional en aquellos impuestos que resultan coparticipables, las provincias se verán casi obligadas a emitir cuasi monedas para poder hacer frente a los compromisos contraídos, como forma de pago a proveedores y/o agentes de ese Estado, dentro de la jurisdicción del propio territorio provincial.
 
No podemos dejar de señalar que casi todas las provincias emitieron sus propias cuasi- monedas, conocidos como “bonos”, durante la crisis del 2001. Ese mecanismo les permitió transitar en mejores condiciones esa muy difícil coyuntura. Tampoco debemos olvidar que años más tarde, luego de superada la crisis, el Estado Nacional obtuvo una nueva línea de crédito del banco mundial para el rescate de todas las cuasi-monedas provinciales. En definitiva, uno de los organismos multilaterales de crédito del sistema internacional, acudió en nuestro auxilio para que pudiéramos volver a tener una sola moneda de curso legal en todo el territorio nacional.
 
Ahora me pregunto: ¿habrá sido la intención de las autoridades del banco mundial ayudarnos a ordenar nuestro sistema económico-financiero? O, para que no se multiplicara el ejemplo exitoso de un país que podía con ese método, emitir auto préstamos a tasa cero, eliminando al mismo tiempo la necesidad de tomar créditos en moneda extranjera a tasas internacionales, con el agregado del porcentaje surgido del riesgo país fijado por consultoras de los países acreedores. Resultado final: préstamos imposibles de poder amortizar, solo se pueden cancelar los servicios de ese préstamo y se refinancia el capital. Hasta que se llega, por diversas causas, a la imposibilidad de poder cancelar en término alguno de los servicios de la deuda, lo que conlleva la caída de todos los plazos y por ende entramos en negociaciones para evitar el default, que más temprano que tarde llegará. Y así será por los condicionamientos a los que son sometidos nuestras naciones, con la presión del aumento de las tasas, ya que el reloj del riesgo país se multiplica diariamente, volviendo imposible encontrar una fórmula de acuerdo, que permita una justa solución a la crisis.
 
Pero hay otros caminos que se pueden recorrer, sin ser necesario que las naciones entreguen sus riquezas, ni que los pueblos se suiciden. Ese es el objetivo de la propuesta de una moneda no convertible que Mauricio Prelooker nos propone y que desde el grupo Felipe Vallese impulsamos y ofrecemos como aporte a las autoridades de la Nación en esta Argentina unida.
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