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“Estamos en los umbrales de una nueva era donde todo es posible, pero todo es incierto”
Roró recuerda a Emilio Másero.
Emilio Máspero, como dirigente sindical y social del siglo XX, tuvo una visión política muy profunda. Fue, posiblemente, uno de  los más acertados de todo el siglo. Creó un pensamiento triádico de  mucha fuerza, que lo supo sintetizar muy bien: “Por la vida, la esperanza y la utopía”.
 
En el gran coloquio de homenaje a su memoria celebrado el 11 de mayo de 2001 en la sede de la CLAT-UTAL, el cro. Rodolfo Romero, Srio. Gral. Adjunto de la CLAT y coordinador del ´programa, expresó: “Un pluralismo amplio cabalga en las raíces históricas y en la novedad palpitante de este esfuerzo creativo, que significa utilizar toda la riqueza que nos dejó como legado el cro. Emilio, para ir perfilando como tarea colectiva el pensamiento siglo XXI del movimiento de los trabajadores de América latina y del Caribe (…) Esta noche es una noche trascendente. Nos reúne la memoria de un dirigente excepcional (…) Podemos decir que los movimientos históricos y los árboles se parecen tienen las raíces bajo tierra. Emilio es nuestro patrimonio histórico, cultural y político” (“Un líder latinoamericano”, páginas 4/5-11-05-2001).
 
Haber conocido y compartido con Emilio la lucha social, sindical, política y cultural en toda América Latina, fue una de las grandes satisfacciones de mi vida y de mi lucha. Y fue en una mirada transversal, dialogante. Fue y sigue siendo un compartir amigable.
 
Un dirigente sindical metalúrgico – argentino (rosarino), con padres migrantes italianos, humildes, trabajadores, que de alguna manera copó el escenario latinoamericano y mundial durante 54 años, formado en la Juventud Obrera Cristiana (JOC), dejando sus huellas dactilares en diferentes rincones de nuestro planeta, haciéndolo además con un perfil de liderazgo auténtico, con  una profunda mística y una entrega total a la causa de la liberación de la clase trabajadora, de todo un sistema de explotación, y al mismo tiempo, pugnando incansablemente por la unidad e integración de América latina-Caribe, representa todo un acumulado en términos de cultura política, visión estratégica y pasión militante.
Un hombre de pensamiento vigoroso, de acción fructífera, de pasión encendida, de entrega total. A Emilio le encantaba escribir y conversar. Su mente operaba como los “círculos operarios”.
 
Mi primer acercamiento a Emilio fue cuando el cro. Emigdio Colmán Núñez, Secretario General de la Federación de Obreros Gráficos del Paraguay, en la década del 50 me proporcionó un folleto breve pero profundo titulado: “América latina, hora cero”, escrito por Emilio, luego de la caída del gobierno del General J. D. Perón.
 
Mi participación y bautizo sindical a los 21 años en la huelga general obrera del 27 de agosto de 1958, declarada por la Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT), en contra de la dictadura criminal del Gral. Alfredo Stroessner, donde tuve oportunidad de ser orador en la Asamblea del Consejo Nacional de Delegados, donde se declaró la huelga, haciéndolo en representación del Sindicato de Empleados y Obreros del Comercio y de la JOC, me permitió ir conociendo la labor de la CLAT, especialmente después de mi primer viaje a Lima (Perú) en 1959, año en que también Emilio se incorpora a la CLASC, luego CLAT, después de recorrer países europeos de 1957 a 1959, apoyado por la CISC, luego CMT.
 
Me tocó luego viajar en 1961 al Brasil, en 1963 a la Argentina, en 1964 a Europa durante 6 meses y a Venezuela en 1964. En 1965 viajé por primera vez a los EE.UU. donde estuve por un mes y medio. En estos viajes que me enriquecieron y me ampliaron la visión del mundo, ya me interrogaban sobre la presencia de Emilio, en especial en EE.UU. Todo ello me ayudó a distinguir lo falso de lo verdadero y a profundizar mi compromiso con la clase trabajadora.
 
Emilio, que ya comenzaba a emerger como figura, asumió la Secretaría General de la CLAT en 1966, sucediendo al cro. Golsack, imprimiendo a la organización un dinamismo extraordinario, contando con el apoyo y el acompañamiento de su querida esposa, la cra. Acacia Fernández Victorio de Máspero, gran compañera. También fue su gran apoyo la compañera Ligia Acosta.
 
Nos conocimos en 1962, en su primera visita a Paraguay, siendo yo un dirigente del Sindicato de Empleados y Obreros del Comercio, Presidente Nacional de la JOC,  miembro del Movimiento Sindicalista Paraguayo (MSP) y de la Confederación Cristiana de Trabajadores (CCT), luego Director del Centro Paraguayo de Estudios Sociales (CEPES), muy perseguido por la dictadura. Tuvimos oportunidad de dialogar ampliamente. Me alentó y forjamos amistad.
 
Ante los reiterados apresamientos que fui sufriendo (en 1963, 67, 68), y la agudización de las medidas represivas de la dictadura, tanto las diferentes organizaciones e instituciones, del que formaba parte, a nivel nacional e internacional, me aconsejaron salir un tiempo del país para resguardarme, ya que corría peligro mi vida (la dictadura asesinaba dirigentes). Así es como me convencieron de que me fuera a Venezuela, donde se había instalado la CLAT en 1966. Lo hice en junio de 1968 donde me instalé y asumí la Vicedirección del Instituto Latinoamericano de Estudios Sociales (ILATES), un instrumento de formación y educación sindical de la CLAT, que entonces todavía se denominaba CLASC.
 
Estando en esas tareas, en febrero de 1971, me convoca el entonces Buró de la CLAT, y el cro. Emilio me interroga si estaba dispuesto a constituir un instituto internacional de estudios y formación social-sindical en la zona de la Cuenca del Plata (sede Buenos Aires C.F) y me propone ser el Director fundador, indicándome también la etapa de cruda violencia del país. Ponderando esas circunstancias y al mismo tiempo la necesidad que teníamos de contar con un instrumento necesario y valioso para la Cuenca del Pla, acepté el desafío.
 
Todo esto fue forjando una amistad muy profunda entre los dos y todo el equipo, al mismo tiempo, con un gran respeto mutuo.
 
Me trasladé a Argentina en abril de 1971 e inicié la labor, prácticamente sin recursos, constituyendo el Instituto Internacional de Estudios y Capacitación Social del Sur (Incasur) en el espacio-tiempo de una confrontación guerrillera de alta intensidad ante la dictadura militar vigente del gral. Lanusse, por el plan de regreso del Gral. Perón al país, después de 18 años de vivir en el exilio, y luego de su muerte, el nuevo golpe militar del 24 de marzo de 1976 y la operación Cóndor (Paraguay, Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Perú, etc.)
 
Tuve la suerte de integrar un excelente equipo humano, con Guillermo Quesada, Katy Ferreira, Alfredo Di Pacce, Emma Gueiraud, Ramón Ermácora (Director actual de Incasur), Nacho Páez, Enrique Sosa (ex Director de Incasur), Miguel Padilla, Nancy Cárdenas, Víctor Palma, la Cra. Valentina Kocc y otros compañeros y compañeras de gran valor.
 
Un gran apoyo fue y sigue siendo el acompañamiento de mi señora Lourdes María Ramírez de Romero.
 
Incasur sigue funcionando con regularidad y el próximo año 2021, en el mes de abril, cumplirá 50 años de servicio valioso, ininterrumpido a la clase trabajadora. Sigo integrando el equipo.
 
Todo el panorama de violencia, que diariamente se agudizaba, fue curtiendo nuestro quehacer y al mismo tiempo, nuestro trabajo político organizativo y tarea de formación sindical-social y política, que fue ganando espacio en toda la región de la Cuenca del Plata, con un gran prestigio. Incasur afirmó su identidad y proyecto.
En todo este proceso de violencia, en especial a partir de la implementación del PLAN CONDOR, sentimos en profundidad el acompañamiento de la CLAT y la mística de la solidaridad que siempre nos transmitió el cro. Emilio y todo el Equipo CLAT/UTAL.
 
En todos los diferentes momentos, los riesgos era la normalidad, de tal suerte que con el cro. Carlos Cúster, responsable de la Oficina Relacionadora de la CLAT en el cono sur (ORECSUR) -un extraordinario compañero, que fue Diputado, Srio. Gral. de la CMT, durante 8 años, fuimos afrontando las amenazas de apresamiento, como la desaparición sistemática de diferentes integrantes de nuestro equipo humano del ORECSUR-Incasur, que atendía los países de Argentina, el sur del Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, es decir todo el cono sur.
 
En muchas circunstancias arriesgamos nuestras vidas, y logramos resultados positivos en las gestiones que tuvimos que hacer, para lograr la libertad o la salvación de muchos compañeros.
 
En todo este tiempo, el acompañamiento de Emilio fue total, y teniendo en cuenta que el no podía ingresar al país por prohibiciones de las diferentes dictaduras, mi traslado a Venezuela nos permitía intercambiar a fondo todo, recibiendo al mismo tiempo, las orientaciones precisas y garantizando el acompañamiento total. Eso se manifestó claramente cuando caí de nuevo preso a fines de 1977 en Paraguay, siendo Director de Incasur, en una reunión semi-clandestina, realizada en la ciudad de Ypacarai, con 21 compañeros comprometidos en la lucha social y sindical. Fuimos apresados, despojados de nuestros bienes, torturados en Asunción y luego, durante todo el tiempo de estar en un campo de concentración llamado EMBOSCADA, la CLAT nos hizo llegar todo tipo de apoyo, organizando al mismo tiempo visitas de dirigentes de diferentes países, reclamando nuestra libertad.
 
Emilio siempre fue, y sigue siendo desde su largo reposo, un verdadero LIDER,con coraje para enfrentar las situaciones más difíciles, con garra para organizar las confrontaciones ideopolíticas más complejas, sin dogmatismo ni sectarismo, con tremenda fe y con profunda vocación de servicio y mística. Estábamos en la dura etapa de la guerra fría entre el capitalismo y el comunismo, apostando a una alternativa: democracia real. La revolución cubana, los sistemáticos golpes militares, la operación Cóndor, las guerrillas y todo el clima de violencia, marcó nuestras vidas y todo nuestro quehacer.
 
Emilio y toda la CLAT, colocado en la vanguardia de la solidaridad de clase, siempre transmitía una concepción humanista, nos inspiramos en el humanismo integral y él tenía una visión geopolítica-geoestratégica muy profunda, pincelanto el antiimperialismo ante los EE.UU. y la URSS, un concepto de autonomía del movimiento sindical y de los movimientos sociales en general, un claro sentido de la necesidad de construir un poder propio, y para ello, contar con bases y dirigentes nacionales – regionales profundamente comprometidos, para lo cual era preciso adquirir una conciencia y existencia social lucida, como fundamento de una cultura política imaginativa-creativa, de tal suerte de adquirir la capacidad necesaria para liberarnos de la explotación capitalista - neoliberal y construir la unidad e integración latinoamericana-caribeña.
 
Así es como fuimos organizando la Universidad de los Trabajadores De América Latina (UTAL), la primera de su género en toda la región. En 1999 conmemoró los 25 años.
 
Así se fue impulsando un proyecto histórico político como tarea social-sindical y política del movimiento  sindical y del movimiento de los  trabajadores globalmente, con proyección en toda América Latina-Caribe.
 
En esta perspectiva, tuvimos fuertes divergencias con LA ORIT que asumía el proyecto panamericano, manejado por los EE.UU. y con la CPUSTAL, línea entonces soviética.
 
Para toda esta inmensa tarea, tuvo la visión y capacidad para integrar equipos de conducción,  de apoyo técnico-político, de estudio y formación, de combate en las organizaciones sectoriales y de información, comunicación, propaganda.
 
Es bueno mencionar a algunos de los compañeros y compañeras que fueron integrando estos equipos, entre ell@s: Eduardo García Moure que, a su muerte, asumió la Sria. Gral. de la CLAT, siendo un incansable y extraordinario organizador con dimensión política- estratégica. Carlos Cúster, quien fue llamado para asumir la Secretaría General de CMT, que lo presidió durante 8 años. José de Jesús Plana, quien fue el primer Director General de la UTAL. Henry Molina, Srio. Gral. Adjunto y Canciller de la CLAT. José Merced González fue Srio. Gral. Adjunto de la CMT y Director de UTAL. Enrique Marius, Srio. Gral. Adjunto y  nuevo Canciller, Pte. de CLADELHT. Carlos Moris, Srio. Gral. Adjunto y Srio. de finanzas. Eduardo Estévez, Coordinador de todo el sector público, responsable de la acción profesional-sectorial y Srio. Gral. Adj. de la CMT. Víctor M. Durán fue Director de la UTAL. Fulgencio Bareiro, Rodolfo Romero G., Eladio Benítez, Acacia Fernández, Víctor de Gennaro, Germán Abdala, Ruy Brito, Dagoberto González, Miguel Gazzera, Héctor Quagliaro, Jorge di Pascuale, Juan Carlos Schmid, Mitil Ferreira, Joao Domingo, Julio Roberto Gómez, Sergio Arnoud, Francisco Verano, Perci Oyola,Cérbulo Bautista, Carlos Gaitán, Omar Machado, Antonio Zangrando, Galo Pochelú, Alejandro Bernal, Efren Delgado (fue Director de la UTAL), Juan Carlos Herrera, Laerte Teixeira, Walter Tesch, Alfredo Ferraresi, Víctor Carricarte, Santiago Pereira, Carlos Frez, Roberto Mejía, Amancio Pafundi, Luis López Altamirano,  J. Huerta, Luis Antezana, Roberto Repetto, Mirian Luz, Zuliana Láinez, José Pinzón, Juan Manuel Peralta, Pedro Parra, Felipe Burgos, Carlos Navarro, Franklin Rondón, Lázaro Rojas, Miguel Zayas, Eduardo Ojeda, Juan Torales, Margarita Capurro, Alfredo Lazo P., Jorge Lasso, Waldo Tarqui, Federico Torres, J. Miranda, Mariano Mena, Luis A. Resck, Efigenio Fernández, Odilón Gavilán, Jorge Cuisana, Juan Horvath, A. Herbach, Carmelo Afattato, Guillermo Romero, Ricardo Ramírez, Yolanda Cáceres, Marcela Máspero, Carmen Gloria Dubreuil, Amalia Romero, Mariela Estraday. Y muchas compañeras y cros. en toda la región: obreros, jubilados, campesinos, aborígenes, defensores de Derechos Humanos y juventud, compañeros y compañeras represaliad@s, pres@s, torturad@s, asesinad@s, exiliad@s.
 
Emilio Máspero fue reelecto muchas veces, como Vicepresidente de la Confederación Mundial del Trabajo (CMT). Fue un factor importante para su expansión a nivel mundial. Recibió muchas distinciones en América Latina, Unión Europea (UE), El Vaticano, etc.
 
Una nueva etapa
 
Luego de entregar la Dirección de Incasur en mayo de 1980, me sucedió Galo Pochelú, cro. de calidad, y me trasladé a Venezuela, integrándome al equipo CLAT y a la UTAL como responsable del Dpto. de Formación.
 
En 1987, en el IX Congreso de la CLAT celebrado en Mar del Plata, fui electo Secretario General Adjunto, responsabilidad que asumí hasta el 2004, para posteriormente ser Presidente de la CLADELTH
 
Habiendo sido uno de los fundadores de la UTAL, llegué a asumir la Dirección General de la misma durante 10 años, tiempo en el que nuestra relación se fue profundizando, descubriendo en cada nueva circunstancia, las sorpresas que ofrecía la lucidez de su pensamiento y la profundidad de su visión política, con llamativo acento estratégico y compromiso ético.
 
Siempre nos fue fácil complementarnos. Me tocó ser el principal redactor de nuestro documento-libro “Democracia real”, elaborado para el VIII Congreso celebrado en 1982 en Bogotá (Colombia). Me había tocado, también, escribir el primer libro sobre la formación sindical en 1970, estando en Venezuela, luego renovado muchos años después, con un equipo, en la UTAL. Con Eduardo Estévez le dimos el formato actual al último libro de Emilio.
 
A Emilio le gustaba manifestar con naturalidad el vigor y profundidad de su pensamiento y la justeza de sus decisiones y acción colectiva, siempre fue un hombre de pensamiento vigoroso, un gran escritor. Escribió muchos libros y un gran aporte para las nuevas dimensiones de la CISC-CMT, elaborando un documento de gran contenido conocido como “El ladrillo”. Su acción fue muy fecunda y le gustaba reiterar lo siguiente:
 
“Donde predomina la mística hay garantía de victoria, es la mística que nace y se alimenta de la profundidad y firmeza de las convicciones de saberse portador y constructor de ideales, de utopías, de proyectos llamados a cambiar la vida de los hombres y de la sociedad, de impulsar las ruedas de la historia, hacia direcciones distintas y alternativas…”
 
Emilio siempre fue un compañero, un amigo, un conductor demócrata, un servidor. La coherencia de su vida fue y sigue siendo un hermoso testimonio y ejemplo de lo que debe ser siempre un líder encarnado en la realidad, combativo y con sueños, proyectos y realizaciones extraordinarias.
 
La CLAT llegó a contar con una imprenta, y la obra más colosal, fue UTAL, ocupando un terreno de 20 hectáreas.
 
Con capacidad para instalar a más de 300 personas para dormir, comer y estudiar en eventos que llegaron a durar tres meses, fue nuestra gran escuela de formación de líderes alternativos en la lucha social, sindical y política.
 
En el XI Congreso, celebrado en México en 1998, Emilio fue electo por última vez como Srio. Gral. de CLAT, y ya estaba con los primeros síntomas del cáncer, suscitando inquietudes e interrogantes preocupantes. Pero él siempre mantuvo su fe y confianza tradicional. Su fortaleza y su entrega, siempre fue un ejemplo.
 
Pero el cáncer pudo más y terminó con su vida, que nos causó un profundo pesar en toda la región y a nivel mundial. El 31 de mayo del 2000 fue la despedida. El siglo XX quiso guardarlo en su seno.
 
Me tocó ser el organizador de las exequias, con un equipo suscitando lágrimas, un entierro con mucho pesar, pero sin perder la esperanza. Nos inundaron con las adhesiones de pesar y solidaridad. Fue todo un gran acontecimiento.
 
Ya entonces programamos conferencias y coloquios para garantizar la expansión de su pensamiento y de toda su obra, que siempre tuvo un rostro y un signo colectivo. Un museo que lleva su nombre, y opera en Bogotá, sede de la CGT.
 
Decidimos la publicación de un libro que llevó el siguiente título: “Un líder latinoamericano, vida y testimonio de Emilio Máspero”.
 
Contamos con la cooperación de “Solidaridad mundial” de Bélgica, una demostración más del alcance internacional de su figura, su pensamiento y su accionar.
 
La consigna que lanzamos desde el primer momento de su partida fue: “Emilio vive”. Vale la pena recordar su reflexión profunda: “En la sociedad actual, hay una crisis profunda y creciente de militancia…es de la fuerza del espíritu de donde vienen las grandes transformaciones no solo de las personas, sino también de toda la sociedad (…) El concepto de poder en el que se basa la estructuración de la sociedad está actualmente en crisis. ¿Quién es hoy el Poder? ¿Quién tiene hoy el poder en la familia, en la escuela, en la empresa, en la fábrica, en el país, en el Estado? ¿Dónde está el poder y qué formas adopta?”, Emilio Máspero en el libro “Movimiento de trabajadores siglo XXI” (2001).
 
Son las preguntas que nos deja Emilio como parte de su testamento. Con la crisis que se agudiza, a partir del nuevo ataque de un enemigo invisible pero poderoso que es COVID-19 y que nos preanuncia los cambios profundos que se irán suscitando a lo largo y ancho de la tercera década del siglo XXI, nosotros debemos encontrar las respuestas a tan intrigantes, profundas y delicadas preguntas.
 
Nos alienta siempre el consejo de Albert Einstein: “Nunca dejemos de hacernos preguntas”.
 
Ese es nuestro desafío y tarea irrenunciable para seguir compartiendo con el cro. Emilio Máspero su consigna permanente: “Por la vida, la esperanza y la utopía”.
 
Es nuestro testimonio de cercanía y admiración al cumplirse 20 años de su partida a la eternidad.
 
31 de mayo 2020: Emilio vive.
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