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Un líder irrepetible
Emilio Máspero por Bertamirans, Ames y A. Coruña.
Resulta para mí muy difícil escribir sobre quien ha escrito tanto y tan bien. Emilio no sólo fue un gran dirigente sindical, fue un gran luchador, un gran pensador, un gran profesor, en mi concepto un líder irrepetible.
 
Siendo compatriotas, no había realmente conocido a Emilio en Argentina. Él militó en el movimiento obrero, en la Juventud Obrera Católica (luego JO Cristiana).Y yo, siendo más joven que él, milité en la Juventud Estudiantil Católica (JEC). Una sola vez recuerdo haberle escuchado en un acto público callejero en Buenos Aires.
 
Yo me integré a la vida sindical varios años mas tarde. Emilio nació en una familia humilde y desde muy joven fue obrero. Yo de familia “pequeño burguesa” aunque también trabajadora, comencé a trabajar como empleado a los 17 años, mientras continuaba estudiando.
 
Cuando entré a trabajar en la seguridad social en Argentina en el entonces Instituto Nacional de Obras Sociales (INOS) me incorporé al movimiento sindical. Ya para entonces Emilio era Secretario General de la CLAT, residiendo en Venezuela.
 
Junto a Amancio Pafundi  participé representando a la Unión del personal Civil de la Nación (UPCN) en una serie de eventos de la CLASEP y en el 3er. Congreso de CLATE en Chaclacayo-Lima-Perú (en 1974). Posteriormente cuando la dictadura militar en 1976,  me declaró “prescindible” por ser dirigente sindical, el entonces Presidente de la CLASEP, Edmundo García, por entonces Secretario General de la Unión del personal Civil de Venezuela (UNEP), me visitó en Argentina para proponerme postular para asumir interinamente la Secretaría General de la CLASEP.
 
En aquellos años Carlos Custer había regresado de Bruselas, donde había sido Secretario General Adjunto de la Confederación mundial del Trabajo (CMT) y estaba a cargo de la Oficina Relacionadora de la CLAT en el cono sur (ORECSUR), en la que realizó una extraordinaria labor que, entre otras cosas, sirvió para salvar muchas vidas de dirigentes sindicales perseguidos durante la dictadura.
 
Consultado por Emilio y el Buró de la CLAT, Carlos dio su aval para que yo pudiera realizar la labor que me proponían para la CLASEP/CLAT. Como en realidad ni Emilo ni los otros miembros del Buró de la CLAT (en ese entonces Eduardo García y Luis Henry Molina) no me conocían, fui invitado para participar en un Coloquio sobre Marxismo y Movimiento de Trabajadores (junto a marxistas, marxólogos y dirigentes sindicales), evento que duró tres semanas en la Universidad de los Trabajadores de América latina (UTAL) en San Antonio de los Altos en Venezuela. En esa oportunidad mantuve varias reuniones con los Cros. del Buró de la CLAT y en particular con Emilio. Puedo afirmar que fue en esa oportunidad que comencé a conocer realmente a Emilio.
 
Me propusieron y acepté hacer una labor de reactivación y reforzamiento de la CLASEP, que era una comisión latinoamericana que agrupaba a las organizaciones del sector ligadas a la CLAT y que apoyaba a la Confederación Latinoamericana de Trabajadores del Estado CLATE (organización que agrupaba y agrupa a la gran mayoría de las organizaciones de trabajadores del sector público, de las más diversas afiliaciones políticas/sindicales (ligadas a la CLAT/CMT; a la UIS/FSM, a la ISP/ORIT/CIOSL e independientes ,es decir sin afiliación a ninguna de las internacionales sindicales actuantes en la época).
 
Luego de participar en un Congreso de la Confederación de Servidores Públicos de Brasil (CSPB), en Curitba/Paraná, realicé una misión visitando Chile, Bolivia, Paraguay, Perú, Ecuador y Colombia, antes de llegar para radicarme en Venezuela (por 10 meses). En Colombia participé en un consejo latinoamericano de la CLAT en el cual Emilio realizó un magistral análisis de cada país y de la región de América Latina y el Caribe, la situación del sindicalismoen la región y en el mundo, lo que me permitió tener una “aproximación” a una realidad que hasta entonces desconocía.
 
Yo era de los que creía que los argentinos no necesitábamos salir del país para resolver nuestros problemas y que veíamos a Europa como nuestro modelo, con cierto menosprecio de los demás países de nuestra región. Hasta que la guerra de Malvinas nos hizo aprender a golpes que somos parte inseparable de América Latina y el Caribe y que es en ese contexto en el que podremos construir una sociedad más justa y más humana y solidaria o que de lo contrario no lo lograremos nunca.
 
Luego de una semana alojado en una UTAL inhabitada en el mes de diciembre, Emilio y su familia me acogieron en su casa y fue allí donde tuve el privilegio de conocer más a Emilio, su extraordinaria cra. Acacia y sus tres, por entonces pequeñas hijas (tan diferentes entre sí y tan  bellas de cuerpo y alma).
No quiero repetir tantos y tan merecidos elogios sobre Emilio, que encontraran en otras notas de este humilde homenaje. Si me gustaría remarcar que he conocido muy pocas personalidades tan completas, también tan complejas, con tal capacidad de, a partir de tantos pensamientos, filosofías, ideologías y doctrinas diversas, impulsar lo que denominó el proyecto político/histórico de clase trabajadora de la CLAT, la democracia real, la comunidad latinoamericana y caribeña de naciones, etc. Y aunque siendo él el principal creador de tales propuestas, las sometiera a un proceso de elaboración colectiva en el que participaron (o participamos) cuadros, militantes y dirigentes de los diferentes niveles de la organización, lo que lograba que todos nos sintiéramos identificados plenamente con tales proyectos y propuestas.
 
Es innegable que el pensamiento cristiano y la doctrina social de la Iglesia han tenido gran influencia en la elaboración ideopolítica y doctrinaria de la CLAT, así como de la CMT. Pero no sería justo desconocer que ha habido aportes e influencia del pensamiento anarquista y socialistas  (como por ejemplo las propuestas autogestionarias contenidas en muchas iniciativas promovidas por la CLAT y por Emilo en particular).
 
Permítanme concluir estas reflexiones vivenciales sobre Emilo comentando algo que me llamó mucho la atención en él: cuando en una reunión alguien se animaba a discrepar o contradecir a Emilio, él tenía la capacidad de retrucar tales intervenciones, a veces con verdadera virulencia, lo que dejaba al que había pretendido contradecirlo en muy mala  posición (parecía no aceptar el disenso).
Pero si en un encuentro privado-experiencia que viví en varias oportunidades- uno le plateaba una objeción o le hacía una propuesta diferente, el no sólo la aceptaba sino que la asumía, la hacía suya y luego uno la escuchaba en él en una intervención pública. Lo que él no aceptaba era la inoportunidad de la expresión del disenso, en particular cuando quien lo hacía tenía el propósito manifiesto de afirmar una “oposición” más que una discrepancia.
 
Cuando Emilio nos dejó físicamente promovimos un homenaje en el grupo de trabajadores de la conferencia de la OIT, reunida en esos días en ginebra, que estuvo a cargo del cro. Julio Roberto Gómez, por ese entonces miembro del Consejo de Administración de la OIT.
 
Luego organizamos un homenaje desde la CMT con apoyo de la CSC de Bélgica en su sede en Bruselas. Allí tuvieron hermosas intervenciones su Cra. Acacia Fernández Vitorio y el entonces secretario general Adjunto de la CLAT, Luis Enrique Marius, quien lo sucedió en la Secretaría General de la CLAT.
 
En ese acto demandamos a un extraordinario compañero (hoy ya fallecido) Gerarde Fontenau, quien había conocido a Emilio cuando era Secretario General Adjunto de la CMT.
 
Lamentablemente no encontré el texto de esa intervención. Allí Gerard hizo un relato magistral sobre Emilio, señalando coincidencia y discrepancias pero remarcando su extraordinario aporte a la elaboración colectiva y al posicionamiento de la CMT, como expresión de un sindicalismo unitario y pluralista que, sin renunciar a sus  principios y valores del humanismo cristiano supo incorporar organizaciones y dirigentes de otras religiones como musulmanes, budistas, induístas, o agnósticos, comprometido en la construcción de otro mundo más justo y más humano y solidario.
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