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La globalización en crisis
Juan Carlos Schmid, Secretario de Capacitación y Formación Profesional de la CGT de Argentina repasa la historia reciente y fundamenta porqué el modelo globalizador está agotado y su continuidad pone en serios riesgos a las naciones periféricas. El caso a
"Una crisis global exige una solución global", dicen en Londres. Los presidentes del Grupo de los Veinte pretenden sembrar una primera definición a pocos renglones de iniciado el documento que no alcanza las ocho carillas, intentan echar un poco de luz sobre una fenomenal crisis que es exclusiva responsabilidad de los países centrales y las instituciones internacionales.
Decimos centrales desde nuestras realidades sociales, asumiendo que como países periféricos, somos históricamente dependientes de los imperios (salvo períodos muy cortos de gobiernos soberanos), signados primero por la producción de materias primas y posteriormente en tiempos republicanos estrangulados por las relaciones de intercambio desigual.
Pasados treinta años de "modernidad y globalización", de políticas liberales y desregulación queda a simple vista la visión rapaz de los países ricos, de las instituciones internacionales y del objeto de la globalización. En este escenario es difícil encontrar una sombra de justicia que permita vislumbrar al Hombre como sujeto y destinatario final del proceso en desarrollo.
La reunión en Londres del G-20 no se dio en el marco de proyectos altruistas, no se analizó como derramar bien-estar entre los millones de habitantes del planeta. Por lo contrario, se inscribió en una crisis del modelo que en los países centrales arrasó con los bancos, el crédito, las empresas y los empleos; que expulsó trabajadores migrantes por una pendiente que preanuncia crisis concatenadas en el resto del planeta.
Hasta hace poco, los países "desarrollados" exhibían con arrogancia el modelo del derroche a la par que condenaban a la miseria a tres cuartas partes de los humanos.
En esa etapa el discurso neoliberal era esgrimido como la única respuesta a los interrogantes de fines de milenio. Cada noticiero repetía las palabras de la violencia mística de Bush, los venales comentarios de Berlusconi, o los clásicos pronósticos de la "Nueva Derecha" al estilo Vargas Llosa…Entonces, es oportuno que los trabajadores comencemos a hurgar en la memoria para reencontrar nuestro propio discurso…
• Nacional frente a la globalización impuesta,
• Popular frente a los cantos de sirenas de los beneficiarios del modelo,
• Liberador como bandera contra todo tipo de opresión. El repudio al ALCA en Mar del Plata fue una expresión de lo ante dicho.

La prehistoria de la globalización

"Una crisis global exige una solución global" nos plantea a los trabajadores el interrogante de saber cuál era la situación real anterior a la crisis mundial de 2008.
Durante dos décadas se nos presentó un escenario favorable a la producción y el comercio a escala mundial, donde los buenos resultados dependían de ajustes nacionales y regionales, como los que demandaron los bloques del NAFTA, la Unión Europea y cercanamente el MERCOSUR.
Traducido: los Estados Unidos extendían su influencia a Canadá y México como lo habían hecho desde los lejanos ´70 en la China. (Un paso más de la potencia del norte como ya había ocurrido desde fines de la Segunda Guerra con el Plan Marshall en Europa y Japón).
Los vientos favorables alcanzaron a la Europa unida después de la debacle en la Unión Soviética a fines de los ´80, ampliando su influencia hacia el Este y, de paso, promoviendo un proceso de reestructuración, flexibilización y crecimiento como condición a los acuerdos del mercado común.
Esta injerencia europea se propagó hasta nuestras costas con el control y manejo de los servicios públicos, inversiones (con tasa de ganancia asegurada), explotación pesquera en el Atlántico Sur y un solapado dominio cultural para hacernos creer que nos exhibimos a los "ojos del mundo" como los peores… malos y atrasados.
Curiosamente (por eso de la continuidad de las políticas de Estado) en el caso Latinoamericano, los europeos producen el desembarco "modernista", tanto en tiempos de las dictaduras militares como en el advenimiento de los gobiernos en democracia sin ningún lastre ético.
Fueron años jalonados por la inestabilidad y el endeudamiento, dando paso a otro trazado de las fronteras nacionales: en los ´80 los ingleses habían sentado sus reales en nuestras Islas Malvinas, mientras EEUU ocupaba Granada, una pequeña isla caribeña, y Francia intervenía en Chad en 1988, al igual que los norteamericanos en Panamá.
Los ´90 registran la caída del muro de Berlín y reunificación de Alemania; la Guerra de los Balcanes en la ex Yugoslavia bajo la mirada especulativa de los europeos; la Guerra del Golfo y el fin de la guerra fría fueron algunos de las operaciones impulsadas y secundadas por las potencias pro-occidentales.
Hacemos referencia a estas cuestiones porque tuvieron un fortísimo impacto en el mundo del trabajo,
• Migraciones por las guerras o situación de pobreza extrema;
• Migraciones desde la periferia a los países centrales por empleo;
• Aumento exponencial del trabajo "en negro" e infantil en todos los países, sin excepción.
En diversos sectores de nuestro país poco y nada parece haber quedado de los barrios desvastados por la miseria, de las fábricas cerradas debido a la apertura salvaje de nuestra economía, de las colas larguísimas de jóvenes frente a las embajadas buscando otros horizontes.
Es un olvido peligroso por donde se lo mire, un golpe demoledor a toda la referencia histórica de la sociedad.
Impacto que alcanzó no sólo a los paradigmas de la clase trabajadora, fuese el Estado Benefactor de Keynes o el socialismo de Marx sino también a los sindicatos y organizaciones obreras.
Los cambios políticos, las nuevas tecnologías y el proceso globalizador arrasaron con las formas más convencionales del trabajo para dar paso a los contratos flexibles y temporarios, carentes de la mínima noción de seguridad social y justicia.

La Argentina hacia la modernidad

Desde mediados de los ´70 en Argentina asistimos al traspaso de los recursos nacionales a manos de las empresas conocidas como la "patria contratista" por sus nexos con los gobiernos de facto y los negociados a expensas del Estado. Así, el suelo y el mar, las empresas estatales (que fueron orgullo de los argentinos en los gobiernos peronistas) y el patrimonio nacional fueron enajenados en beneficio de los grupos locales y/o extranjeros.
Esa etapa iniciada en 1976 completa su objetivo a fines de los ´90 cuando fueron cumplidas a rajatabla las recomendaciones del FMI y el Banco Mundial. Por eso alguien denominó a los años ´90 como la "segunda década infame" rememorando la plena vigencia de Enrique Santos Discépolo.
Fue el quiebre, después de medio siglo, de la representación del Partido Justicialista con las masas populares, dando inicio a un derrotero donde el pueblo necesitaría hasta 2003 para saldar un gobierno con una legitimidad que se ha ido profundizando a través del tiempo.
Paralelamente, el poder económico, financiero, del FMI, OCDE, y Banco Mundial arrastraron primero, a los gobiernos de los países dependientes y posteriormente a los EEUU y los gobiernos europeos de cualquier signo político en la aplicación de la panacea modernista.

La Argentina del bicentenario

"…prosperidad creciente para todos es una economía mundial abierta basada en los principios de mercado, en una regulación eficaz y en instituciones globales fuertes", reza el documento del G-20.
En los países centrales, la burbuja financiera e inmobiliaria coadyuvaron a precipitar la crisis mundial económico-financiera de 2008, advirtiendo acerca de los obstáculos a un modelo de irracional crecimiento, por eso para nosotros trabajadores argentinos, el modelo globalizador tal cual está planteado no resiste una mirada seria y esperanzada, porque no es sustentable por donde se lo mire.
Es un modelo que pone en serio riesgo a los habitantes de los países periféricos en primer término; al medio ambiente y los recursos naturales del planeta a renglón seguido. Nadie escapa a sus nefastos efectos.
En nuestros países, más allá de su desarrollo relativo (en extremo débiles como Haití o aparentemente consolidados como Brasil o la India), se percibe al modelo globalizador como un asunto complejo, pero lejos, muy lejos de que sus objetivos apunten a la "prosperidad creciente para todos".
Más bien parecen recrear un modelo con ganadores y perdedores, con vencedores y vencidos.
Los trabajadores en el plano internacional y nacional hemos observado como el avance de la globalización implica como condición insoslayable el retroceso de la clase trabajadora, primero en el universo de los derechos sociales, luego en el retroceso del nivel ingresos y salarios, y finalmente en el derecho al empleo y el trabajo genuino.
Concebido en términos de mercado, de mercancías, las posibilidades de los trabajadores se reducen a cero de no mediar el papel intervencionista del Estado.
(Eso explicaría el encono irracional contra los gobiernos de Chávez, Evo Morales y Cristina Kirchner, como antes ocurrió con Salvador Allende y Juan Perón).
El modelo neo-liberal considera al trabajo como una mercancía más, un asunto antiguo si los hay, tratándolo como un hecho del capitalismo que se remonta a la revolución industrial en los países centrales y al colonialismo en el resto del mundo… una relación de clases y explotación.
Estos condicionantes, -de estructuras productivas dirigidas al mercado internacional, de centralismos porteños, de pampas húmedas y provincias olvidadas-, fueron sacudidos con la irrupción del peronismo en 1945.
Aquel 17 de octubre es el mojón de nuestros recuerdos y enseñanzas.
La crisis del movimiento peronista en tiempos de democracia, visualizado para algunos recién con la derrota electoral de 1983, fue encumbrando o soterrando a los dirigentes a partir del papel protagónico y excluyente del Partido Justicialista. Este transitó entre la adecuación a los nuevos tiempos y la pérdida constante de los principios y conceptos filosóficos que emanaban de la Constitución de 1949.
Los años de la resistencia, del "Perón vuelve", de la juventud peronista, del tercer gobierno del presidente Perón quedan inscriptos en la historia grande del movimiento peronista y para algunos, lamentablemente en el olvido.
La etapa que transitamos expone la debilidad en la reconstrucción política del movimiento, es allí donde los trabajadores organizados estamos llamados a cumplir un rol de indudable importancia.

Los trabajadores en la encrucijada

Es que el Movimiento Obrero argentino siempre se caracterizó a través de su historia por trascender la frontera de las luchas reivindicativas y escribir páginas en la historia grande del quehacer nacional.
De origen anarco-sindicalista, socialista y comunista devino por esos grandes cismas de la historia mundial, en peronista cuando a fines de la Segunda Guerra Mundial irrumpe el 17 de octubre de 1945 frustrando el golpe oligárquico e interpretando a sus líderes, el coronel Perón y Evita.
Desde entonces combinó dos procedimientos: la movilización y la lucha; la gestión y el acuerdo, que sin ser excluyentes por si mismos, lo fueron cuando sustentaron políticas en torno a las patronales y los gobiernos.
Una forma de ejercitarla es recordar: los "33 gremios democráticos" y las "62 organizaciones peronistas" en tiempos de la "libertadora"; los sindicatos sin Perón del vandorismo y la CGT de los Argentinos durante los años de la resistencia; "Gestión y Enlace" afín al proceso militar y la CGT-Brasil liderada por el compañero Saúl Ubaldini.
Pero sería en la profundización del modelo económico neoliberal de los ´90, -de desempleo estructural, con crecimiento pero sin equidad social, de marginación social aceptada en la comunidad nacional como tal- que produciría cambios en el Movimiento Obrero argentino. La CGT quedaría dividida entre el ala "menemista" que acompañó la imposición y ajuste del neoliberalismo y el nacimiento del MTA conducido por Hugo Moyano opuesto al Consenso de Washington.
Por su parte algunos gremios romperían con la central obrera y formarían la CTA liderada por Víctor De Gennaro.
Actualmente, el movimiento obrero tiene tres expresiones diferenciadas políticamente:
• La CGT-Moyano caracterizada por defender el modelo de inclusión social de la presidenta Cristina Kirchner (incluyendo sindicalistas en las listas del PJ kirchnerista);
• La CGT-azul y blanca opuesta al gobierno y circunstancialmente aliada a las patronales del campo y el PJ disidente;
• La CTA dividida con una postura dual de enfrentamiento al gobierno y adhesión a las patronales del campo.
Expresiones políticas del movimiento obrero a relativizar, fruto de la eclosión política en víspera de las elecciones del 28 de junio, termómetro para oficialistas como opositores en vista de las elecciones generales de 2011.
En otro plano queda la defensa o crítica al modelo de inclusión impulsado desde el gobierno, por eso cobra sentido el extenso preámbulo de esta nota, por las condicionantes que implican los vaivenes políticos de la situación internacional.
Cuál será la estrategia más conveniente del movimiento obrero para sostener un modelo de inclusión, empleo genuino y salarios decentes, cuando 400 empresas locales y extranjeras controlan los principales resortes de la producción y la economía nacional.
Cómo incluir a los miles de expulsados del sistema (terminar con la invisibilidad de los pobres) cuando la mitad de la economía es "en negro", y otros miles son asistidos por los programas del gobierno.
Cómo rescatar la historia de los movimientos sociales aquí en nuestro país, en Venezuela y en Bolivia para unificar conceptos, establecer acuerdos y tender a acciones unitarias que permitan al movimiento obrero ser un protagonista activo en defensa de los intereses nacionales.
Al cumplirse 50 años de la muerte de Scalabrini Ortíz, aquel hombre del campo nacional señalaba que el Proyecto Nacional siempre puja por salir "No esperemos que otros hagan lo que nosotros no somos capaces de hacer", nos decía.
La Confederación General del Trabajo el pasado 30 de abril dio un primer paso en esa dirección, trazó un rumbo sobre la coyuntura política. Moyano convocó a defender un Modelo de Trabajo y Producción, a postergar las diferencias circunstanciales, a encontrarnos en el acuerdo de los grandes temas nacionales y se comprometió de frente a los trabajadores.
Ese pueblo trabajador que cubrió la Avenida 9 de Julio, espera una respuesta a su destino porque confía en alcanzar un Modelo de País donde la grandeza de la Patria y la felicidad del pueblo valores fundamentales de la constitución del `49, vuelvan a convertirse en respuesta popular a la crisis del capitalismo.
Juan Carlos Schmid
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