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Sindicalismo y sociedad civil participante
Julio Roberto Gómez Esguerra, Secretario General de la CGT Colombia y autoridad representativa de la CSA, aborda en este artículo aspectos relacionados a los roles sindicales como integrantes de la sociedad civil organizada.
Vale iniciar diciendo que la sociedad civil a la que pertenecemos la entendemos como aquella que tiene entre sus funciones, ver, pensar y actuar para producir efectos frente al Estado y al Mercado, los verdaderos protagonistas de los acontecimientos políticos, económicos y culturales deben ser las organizaciones de sociedad civil y entre ellas, nosotros, los sindicatos pues somos los que contamos con más afiliados en el mundo a pesar de todas las presiones conducentes a disminuirnos e incluso exterminarnos, no olvidemos que para los neoliberales, “el mejor sindicato es el que no existe”.
Los sindicatos hacemos parte de estructuras sociales complejas y en permanente movimiento, en ellas aparecen nuevos formatos para hacer historia, somos forjadores de un entramado de infraestructuras y conocimientos que debemos disponer y emplear en el variado conjunto de conexiones intersindicales y sus entornos, si no lo hacemos dinámica y rápidamente, nos podemos ir desvaneciendo en el tiempo de manera acelerada.
Entre más profundicemos nuestra participación en el entramado del capital social colectivo, más confianzas y respaldos ganaremos, avanzando en el concierto de los cambios que se imponen, no somos un núcleo de organizaciones aisladas, nuestras mira está en interrumpir la fatiga o el desconocimiento prolongado en que grupos de interés neoconservadores han mantenido a la sociedad civil impidiéndole ver el verdadero significado del sindicalismo y los valores que representamos.
Tenemos en la unidad con la membresía CSA-CSI, la oportunidad de hacer algo para ayudar a la nueva epifanía que las democracias del continente exigen, así debe ser, es la hora de ganar los espacios que merecemos, es posible que eso es lo que la sociedad civil quiere de nosotros; necesitamos trenzar con tino y pulso una articulación de las luchas por las reivindicaciones y presencia activa formuladora de políticas alternativas para la conquista de los derechos de segunda generación para todos.
El ambiente parece propicio hacia estos postulados, hay conciencia en sectores mayoritarios de que el mercado no posibilita lo cultural -lo irrespeta y le parece nimio-, ni lo económico- es mesquino en propósitos y alcances- y menos lo social - lo desconoce y lo maltrata-.
La sociedad civil tienen una virtud, su quehacer es edificar, el Estado la busca en los momentos más difíciles para que le ayude, el mercado no puede vivir sin ella; sin embargo, los mercaderes del modelo neoliberal trazan y difunden ideas dividiéndola con borrosos y difíciles conceptos que desgarran su identidad y alteran su autonomía.
El Estado ha perdido poder legal y por eso se vuelve autoritario y al servicio del mercado, en la etapa post guerra fría ya no es tan soberano. El mercado impuso sus condiciones y domina en los contextos internacionales, corresponde a la sociedad civil ser la contraparte ya que el Estado abandonó esa responsabilidad. Sin embargo en el sindicalismo somos conscientes de actitudes encontradas en la sociedad civil, por ejemplo, en países desarrollados existen sectores de la población que luchan por sus intereses sin importar qué ocurre en el resto del mundo y hay colectividades que dan batallas pro-beneficio de los desprotegidos de países subdesarrollados; La sociedad civil no es un bloque homogéneo.
En ocasiones los Estados han mirado a la sociedad civil organizada con recelo y prevención, algunos gobiernos no comparten que se vaya gestando un fondo común de creencias en grupos que lo cuestionan y dan voz a sectores marginados que de no ser así permanecerían invisibles, a todos ellos en el sindicalismo les prestamos servicios como formación, orientación jurídica para evitar que sean aislados o discriminados, conocimiento de sus derechos en caso de migración, promoción de los derechos humanos, así como iniciativas de economía solidaria y programas para superar la pobreza.
Impulsar todo esto requiere preparación, compromiso, sentido de pertenencia y respeto por la dignidad de la persona, incrementar estas tareas no solo forma al sindicalista sino que nos enseña mejores prácticas para el manejo de los problemas sociales, nos crea sensibilidad por las aflicciones de la gente, además nos legitimamos y captamos la aceptación general, tales cometidos los asumimos y es bueno divulgarlo , caso de quienes trabajan en sus organizaciones sindicales pero además en juntas comunales, asociaciones de padres, organizaciones de mujeres, de juventud y otras. La sociedad civil en su conjunto debe enterarse de esto, los sindicalistas no somos monotemáticos, procuramos actuar en culturas de pluralismo y multiculturalismo, nos interesa la organización de la gente para mejorar la vida.
Vivimos en espacios multidimensionales, muchos sucesos modifican los escenarios donde actuamos, hacer parte decisoria de estos sucesos nos convierte en líderes y para ser eficaces en esa condición se necesitan atributos personales pero también capacidad de comprender situaciones, por eso como minuciosos expertos debemos estar listos para actualizar perfiles trabajando con el conocimiento adquirido en la práctica o en la academia, pero estructurándolo y elaborándolo todos los días en las redes de relaciones sindicales y sociales, no podemos ser estáticos, la supervivencia del líder sindical depende de cómo tramite su conocimiento.
Si potenciamos los conocimientos que hemos madurado durante años y hacemos sinergias intersindicales, abriremos más oportunidades y le generaremos gran valor agregado al movimiento; la UTAL puede diseñar, impulsar, monitorear y valorar un programa de conocimientos significantes al sindicalismo para ser usado como capital o como mapa de saberes que nos sirva de plataforma utilizable en mallas de servicio social, los sindicatos son las fuentes para ese propósito.

La participación

Tema conectado con los anteriores párrafos es la participación, si estudiamos su naturaleza, le definimos objetivos, analizamos sus ventajas, conocemos los obstáculos, identificamos espacios para sus procesos, visionamos sus alcances y perspectivas y la entendemos como derecho y deber, generaremos disposición para investigarla teóricamente y en sus formas prácticas.
Los sindicatos son instituciones de participación, hemos sido guiados por el pensamiento social liberal, las cartas Americana y Francesa influenciaron el movimiento porque con ellas se dio origen a los derechos de libertad o de primera generación según la cual el Estado debe permitir que los ciudadanos ejerzan ese tipo de derechos sin intervenir en su práctica, pero también tenemos una misión en los derechos de igualdad o de segunda generación desde cuando las tesis socialistas complementaron los textos universales de derechos humanos vindicando lo económico, lo social y lo cultural, elementos sin los cuales la libertad carece de sentido, paquetes de derechos frente a los cuales el Estado tiene obligaciones positivas debiendo crear las condiciones e instituciones para convertirlos en realidades progresivas, el neoliberalismo las ha hecho regresivas sin que los organismos internacionales se inmuten.
Compartimos también el pensamiento social de la Iglesia al referirse a este tema: "…los ciudadanos deben cuanto sea posible participar en la vida pública. Las modalidades de esta participación pueden variar de un país a otro o de una cultura a otra… es de alabar la conducta de las naciones en las que la mayor parte posible de los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida pública"-Conferencia Episcopal de Colombia/Catecismo Católico, 1993, página 483-.
La participación enfrenta impedimentos enquistados en culturas y tradiciones, por motivos de intereses minoritarios algunos gobiernos acuden a políticas excluyentes o alimentan temores e ignorancias cuando no se excusan alegando recursos insuficientes para cumplir su deber de promocionarla, protegerla y garantizarla.
La participación es una necesidad básica como la nutrición, es necesaria en la calidad de vida material y espiritual; los sindicatos estamos obligados a ejercer acciones para entenderla como materia multipropósito ampliando la democracia, la creatividad colectiva y el uso de los saberes en el seno del movimiento; todo sindicalista debe comprender que cada persona tiene la condición de ser participante como un bien ejercitable para beneficio de todos los contextos en que actúa.
Es con participación como los pueblos lograremos conquistar lo que algunos han llamado el derecho síntesis, el derecho al desarrollo. Es con más participación como se dará paso a los derechos de tercera generación, esto es, la paz, el medio ambiente, las comunicaciones que en tantas ocasiones distorsionan la realidad para satisfacción de grupos sin escrúpulos; más participación es lo que buscaron quienes confeccionaron la "Declaración de Argel "bien llamada Derechos de los Pueblos, que podríamos entenderla como derechos aspiración. Esta clasificación en generaciones es válida para facilitar su estudio, pero también es cierto lo que tantas veces se ha afirmado, que unos derechos no son posibles sin los otros.
La participación es un asunto normativo, con el derecho positivo se le da status de obligación jurídica, por eso contamos con participaciones en salud, en educación, en acceso a la justicia, aunque los sindicalistas tenemos clara la inequidad existente en todas estas materias.
Las naciones cuentan con organismos de control y vigilancia estatales para impulsar la participación, empero, somos nosotros y toda la sociedad civil los encargados de motivarla y propulsarla cuando aquellos no lo hacen.
La UTAL también puede propiciar disposición para investigar y analizar las tendencias de la participación en el entramado sindical de América. La UTAL se esforzará por fomentar más participación en los cambios de este siglo para que no sea el capital sino la sociedad civil la que intervenga arbitrando en el orden económico y social del continente, sobre todo porque el Estado Neoliberal está al servicio de un programa que no se compadece con las realidades sociales.
Lo internacional neoliberal se ha convertido en ámbito de conflicto político en el que incursionan intereses capitalistas amigos de la acumulación de poder en donde el sindicalismo es apenas teoría y la voz de la sociedad civil, si es que opera, es con criterios de selectividad para evitar que sectores comprometidos denuncien los basamentos del sistema en los que el crecimiento se fundamenta en contraer la protección social agigantando la población en pobreza al disminuirle sus ingresos y minarle la capacidad material de mejoras en su calidad de vida física y cultural.
El sindicalismo en suma ha construido un acervo de conocimientos y bienes que optimizados en su uso contribuirán a hacer camino en la consolidación de sociedades civiles decididas a ser contrapeso de empresas, medios de comunicación, de universidades, ONG•S, y otras manifestaciones políticas y sociales de las nuevas derechas cuya misión es allanar el camino para el gobierno de las multinacionales, si esta intención neoconservadora no se detiene, el futuro que nos espera estará nutrido de más y nuevas calamidades.
La participación de los sindicatos y las sociedades civiles en un mundo globalizado y centrado en la doctrina Neoliberal estará siempre restringida y minimizada, el liberalismo ha perdido sus razonamientos originales y ahora se sumó a la idea de que únicamente deben supervivir los "mejores y los más capaces" en ambientes donde los pobres serán siempre calificados de ineptos y no viables para el mercado; temas como el trabajo decente, si esto no lo cambiamos, serán ideas que van a quedar rezagadas como utopías románticas.
La participación en todo aquello que nos afecta, está circundada por ideales y esperanzas de que el Estado retome la iniciativa en lo económico, social, político y cultural, para eso lo creó la sociedad civil, para que haga con el concurso de nosotros lo que el neoliberalismo no hará nunca, garantizar la participación plena a todos los miembros de la sociedad civil.

Julio R. Gomez Esguerra
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