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"La violencia doméstica tiene un impacto directo en la vida laboral"
La igualdad de género está en el centro de la lucha por el trabajo decente. Rosane Sasse, Secretaria Adjunta del Comité femenino de la UGT y Vicepresidenta del sindicato del sector del vestuario y el textil, examina algunas de las prioridades: la organiza
¿Ha tenido la crisis económica mundial consecuencias importantes para el sector del vestuario y el textil en Brasil?

La crisis económica mundial ha afectado, lógicamente, a Brasil, pero no en la confección textil, el sector donde yo trabajo en el sur del país, porque nuestras fábricas producen para el mercado brasileño. Al contrario, los empleadores buscan más mano de obra cualificada, pero al mismo tiempo, utilizan el pretexto de la crisis para pedir recortes salariales. La legislación brasileña prevé una negociación colectiva cada año. La última se celebró en mayo de 2009, los empleadores no se cansaron de repetir que la crisis está a punto de afectar a nuestro sector. Trataron de asustarnos diciendo que la regresión que está azotando a la industria automotriz y del acero puede afectarnos también a nosotros, por lo cual bloquearon todo avance en los salarios o condiciones de trabajo.

¿Cuáles son las prioridades de su sindicato?

Incluso si la crisis no nos afecta directamente, nos enfrentamos a otros problemas, tales como las prendas de vestir chinas importadas a Brasil. Algunas empresas cambian sus etiquetas para venderlas como productos "Made in Brazil". Además, los empleadores ejercen cada vez más presión para que sus empleados trabajen desde casa, con argumentos atractivos para las mujeres, como el hecho de poder estar cerca de sus hijos. Esta evolución se observa desde hace mucho tiempo, pero ha aumentado en los últimos seis años. Las trabajadoras a domicilio no están cubiertas por la misma seguridad social, y esta tendencia a recurrir al sector informal también mina la capacidad organizativa de los sindicatos, que tienen más costumbre de trabajar en la economía formal. Las estructuras sindicales a veces tienen barreras que dificultan la organización de estas trabajadoras en la economía informal. Nosotros ofrecemos a nuestros miembros, por ejemplo, una ayuda para la atención médica, que es posible gracias a sus cotizaciones. Extender este servicio a las trabajadoras del sector informal es difícil desde el punto de vista financiero, ya que sería preciso que todos nuestros miembros sean solidarios hacia estas mujeres, que no siempre pueden pagar sus cuotas.

¿Qué proporción representa la economía informal en el sector del vestuario y el textil?

De los 130.000 habitantes de mi ciudad, Jaraguá do Sul (Estado de Santa Catarina), 30.000 trabajan en la industria del vestuario y textil: 22.000 en la economía formal (donde el 80% son mujeres) y 8.000 en la informal. Nuestro sindicato continúa sensibilizando a las trabajadoras de la economía informal respecto a la importancia de unirse, de sindicalizarse, pero algunas de ellas subcontratan a su vez a otras trabajadoras de la economía informal. Se convierten en una especie de pequeñas empleadoras, y consideran su sindicalización como un conflicto de intereses. En algunos casos, explotan a toda una familia a través de la subcontratación, incluidos los niños.

¿Consigue, pese a todo, organizar a estas trabajadoras del sector informal?

Sí. Son las bienvenidas en todas nuestras actividades y no cejamos en intentar que sean conscientes de sus derechos. Les proponemos nuestros servicios jurídicos, nos ponemos en contacto con las "pequeñas empleadoras" para obligarlas a cumplir con las normas legislativas, por ejemplo, sobre el salario mínimo. Si se niegan a todo diálogo, iniciamos procedimientos judiciales. También estamos en contacto con el Ministerio de Trabajo, al que podemos pedir ayuda cuando identificamos un centro de producción informal importante, que no aplica las normas mínimas.

¿Cuáles son sus prioridades en su calidad de coordinadora de la Secretaría de la Mujer de su sindicato, el STIV?

Nos sumamos a una de las prioridades de la UGT, que es la de integrar el tema del trabajo decente en todas nuestras acciones. Una de nuestras luchas actuales es reducir la duración de la jornada de 44 a 40 horas por semana. Esta batalla concierne muy de cerca a las mujeres, debido a sus responsabilidades familiares. Otro tema prioritario es la salud, ya que ocho de cada diez mujeres se ven afectadas por enfermedades profesionales. También trabajamos a favor de la protección de la maternidad: la licencia de maternidad es actualmente de cuatro meses, pero una nueva ley permite reducirla a seis meses a partir de 2010. No se aplica sistemáticamente a todas las empresas, por lo que debemos luchar contra ello.

Usted participó en la primera Conferencia para la mujer sindicalista de la CSI, uno de cuyos temas era la lucha contra la violencia hacia la mujer. ¿Cuáles son las formas más comunes de esta violencia en Brasil?

La más común es la violencia doméstica. Tiene un impacto directo en la vida laboral, ya que una trabajadora víctima de esta violencia está tan maltratada física y/o moralmente que podrá concentrarse menos en su trabajo. Además, desde hace tres años, cada día más mujeres revelan situaciones de violencia psicológica, de acoso moral en el lugar de trabajo. Este número no significa que el número de casos haya aumentado, pero un estudio realizado por la Universidad de Sao Paulo sobre este tema tuvo una difusión muy amplia y generó una verdadera toma de conciencia. El abuso emocional ocurre, por ejemplo, cuando una trabajadora reclama algo y luego su jefe, resentido, la amonesta, la humilla constantemente frente a los demás trabajadores, sigue haciéndole reproches. Poco a poco, la trabajadora va a sentirse mal y esta presión puede conducir a la depresión. Algunos juicios entablados han terminado por reconocer la intimidación y conceder una indemnización, lo que contribuye a que cada vez se hable más de estos casos.
Este tipo de violencia afecta a ambos sexos, pero es generalmente más fuerte contra las mujeres. Los trabajadores tienden a reaccionar con rapidez a estos problemas, mientras que las trabajadoras por lo general se quedan calladas, se lo guardan hasta que ya no pueden más y terminan por caer en la depresión. Se observan muchos casos de abuso emocional contra las mujeres que regresan de la licencia de maternidad: muchos empleadores desean deshacerse de ellas porque piensan que estarán ausentes más a menudo porque tienen hijos.

¿Hay una gran diferencia salarial entre mujeres y hombres que realizan la misma tarea con la misma cualificación?

El salario mínimo en Brasil es de 465 reales (270 dólares) y de 700 reales para el sector del vestuario y el textil en mi región. En promedio, las trabajadoras de este sector ganan alrededor de 800 reales y los trabajadores varones alrededor de 1.000 reales. Esta diferencia de retribución entre hombres y mujeres se aplica también tratándose de una misma tarea, que requiere las mismas competencias. Nuestro sindicato lucha contra esta injusticia. Cuando hablamos con los empleadores, no logran justificarlo, invocan argumentos que no resultan convincentes, como "los hombres pueden llevar cargas más pesadas”. Hemos ido ante los tribunales para denunciar estas diferencias salariales, pero sistemáticamente perdemos: los jueces, que son generalmente hombres, encuentran justificaciones mínimas, como una ligera diferencia en las horas de trabajo o en las tareas. Creo que es más un problema cultural.

¿Es difícil para una mujer escalar por la jerarquía sindical en Brasil?

Sí. El primer obstáculo es familiar: hay muchas reuniones, tiempo dedicado a la actividad sindical, lo que genera tensión en el hogar, especialmente con los maridos. Esta situación provoca muchos divorcios (como en mi caso). Es un problema difícil de resolver. Otro obstáculo que impide a las mujeres acceder a puestos decisorios es la falta de confianza en sí mismas. Necesitan muchas formaciones para llegar a adquirir esta autoestima. Muchos sindicatos establecen cuotas para la participación de las mujeres en las instancias dirigentes, pero su aplicación es a veces sesgada: sólo llegan a niveles de decisión secundarios, como suplentes. El machismo todavía está muy presente.

¿Qué le ha aportado la Conferencia Mundial sobre la Mujer de la CSI?

Me sentí sumamente sensibilizada al cambio climático. Hablamos de ello en Brasil, pero no lo suficiente, cuando somos los que sufrimos sus efectos. Hace año y medio, el sindicato de mi región puso en marcha una campaña sobre este tema, pero ante la falta de participación de los miembros y del público, rápidamente perdió fuerza. Esta Conferencia de la CSI ha demostrado hasta qué punto este problema nos concierne a todos. Volví a Brasil con el deseo de reactivar esta campaña.
La Conferencia puso de manifiesto que los problemas que experimentan las brasileñas también los viven muchas mujeres de África, Asia y otras regiones del mundo. Esta constatación anima a adoptar nuevas medidas. Muchas otras mujeres hubieran deseado participar en esta Conferencia. Como yo he tenido el privilegio de estar allí, siento el deber de difundir lo que he aprendido y hacer todo lo posible para garantizar la aplicación de sus resoluciones.

Fuente: CSI. Entrevista realizada por Samuel Grumiau.
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